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martes, 8 de septiembre de 2026

"LA CAPTURA": ¿QUIÉN CAPTURA A QUIÉN?...

"La captura", película mexicana de Chava Cartas disponible en Netflix, tiene una excelente factura técnica e interpretativa que la hace, a la vez, entretenida, esto es, que capta la atención, y asimismo provoca la reflexión del espectador acerca de la heroica -sin exagerar- tarea para los miembros de las fuerzas de seguridad de mantenerse íntegros en el ejercicio responsable de sus funciones de orden público. La red de colaboradores del narcotráfico y la capacidad financiera para comprar voluntades, cegueras y silencios, te sumergen en una atmósfera asfixiante en que tomas conciencia de que oponerte a sus designios es acabar con tu vida, literalmente o simbólicamente por cuanto quedas atrapado -capturado- en un miedo permanente, y renuncias a una vida relativamente normal, atenazado por las amenazas.

La guerra contra los cárteles de la droga está perdida, habrán ocasionales batallas ganadas, pero la robusta estructura -de nuevo, construida con un poderío económico descomunal- se recompone rápido, usualmente con sangrientos episodios de lucha por la sucesión en las cumbres del organigrama carteliano.

En mi criterio, expresado por no pocos autores o analistas, el quid de la cuestión no radica en el lado de la oferta, sino en la gigantesca e insaciable demanda de estupefacientes...

martes, 22 de septiembre de 2020

REDES SOCIALES: LA CONSPIRACIÓN SOBRE LA CONSPIRACIÓN...

Se me ha ocurrido este título (imperfecto, engañoso, pero que "vende") al leer la nota periodística de Kimberly Herrera (La Nación, 18-9-2020) sobre el documental de Netflix, "El dilema de las redes sociales".

Las redes sociales favorecen, por su poderosísimo efecto multiplicador, las teorías conspirativas y las noticias falsas o tendenciosas, ahora en jerga global, fake news. Pero la acusación a las redes sociales (objetos) deja en segundo plano lo que, a mi juicio, es el auténtico problema: las personas (sujetos), sean los que perpetran las barbaridades, sean, como receptores, los que se las creen y/o se hacen adictos a esos instrumentos tecnológicos.

Yo soy de los que creen -con excepción de las drogas duras- que no hay adictógenos, sino adictos. Por ejemplo, soy adicto al chocolate, pero jamás se me ha ocurrido culpar a la sustancia, por poner un ejemplo tan simple como cercano. Escribir "la adicción que representan estas plataformas para los usuarios" es equivocado, falso; si acaso, "para ciertas personalidades pueden representar...".

Otro tema recurrente al analizar las redes sociales: La violación de la privacidad. Yo escribiría: "cuídate de las violaciones a tu privacidad que estás promoviendo o posibilitando con el imprudente e irreflexivo uso que haces de ellas...".

Sigue la nota con declaraciones, que aparecen en el documental, de ex-ejecutivos de Facebook, Instagram y Twiter, que me han encaminado al titular de este escrito: Las redes no sólo fomentan conspiraciones, ellas son conspiraciones... Como si fueran autónomas, así por ejemplo llegan a decir: "Saben cuándo te sientes solo, cuándo te sientes deprimido, cuándo miras fotos de tus exparejas. Saben lo que haces en la noche, lo saben todo. Si eres introvertido o extrovertido, o que clase de neurosis tienes, y cómo es tu personalidad" (Jeff Seibert)...Lo más benévolo que se me ocurre es que se trata de publicidad engañosa para que la gente vea el documental...

El final del comentario se acerca, a mi modo de ver, al punto medular: "se pueden crear tecnologías más saludables, pero eso sólo depende de cada persona"....Para ese viaje, como dice el antiquísimo refrán castellano, no hacían falta alforjas (conspirativas)...

martes, 21 de noviembre de 2017

BÁRBAROS...

En la clase inicial de Gestión Estratégica utilizo unos párrafos de un artículo sobre General Motors del año 1.999, en la más profunda crisis que vivió, en donde el autor hace una analogía entre grandes empresas líderes y los imperios que históricamente han sido.

Me gusta subrayar que los enemigos del imperio siempre han sido catalogados con variedad de epítetos, el principal, desde el imperio romano, el de bárbaros; pero que, en realidad, los bárbaros están dentro. Y señalo la barbarie de algunos emperadores romanos y el ambiente putrefacto que se respiraba en la metrópoli, lo que podría -grado más, grado menos- extenderse a monarcas españoles o franceses, previos al desmoronamiento de los respectivos imperios.

El imperio actual, en decadencia desde el fracaso en Vietnam, los Estados Unidos, tiene ahora un emperador que nos ahorra muchas explicaciones del porqué hablamos de ocaso... Lo que me ha motivado a escribir esta entrada es una de las modalidades de la barbarie de esta sociedad tan enferma, ultraviolenta y anegada en drogas (el verdadero problema del narcotráfico: una demanda imparable de drogas): El último informe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca -citado por Sandro Pozzi, colaborador de El País en Nueva York, edición de hoy- cifra en 41.000 los muertos por sobredosis en 2015, calcula en 2.4 millones los drogadictos y estima el costo de esta epidemia en 500.000 millones de dólares, 2,8% del PIB del país. Para 2016, los datos disponibles son del Centro para el Control de Enfermedades, 53.000 fallecidos...