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martes, 15 de agosto de 2023

EL MISTERIO DEL TIEMPO: VIVIR EN DOS REALIDADES...

Ya mitad de agosto, en pocas semanas algún negocio nos sorprenderá con artículos navideños en su catálogo...¿Qué está pasando con el tiempo?...Nuestras mentes están descansando menos, la hiperconectividad que permite Internet nos consume cada vez una porción mayor de ese recurso irrenovable, irreversible. Conectividad que no es para nada sinónimo de comunicación, que sigue siendo, incluso agravado, el principal problema de la convivencia. No pocas veces a partir de un "me dejaste en visto" que se interpreta prejuiciosamente. En otras ocasiones la impetuosidad en la respuesta, usual via WhatsApp, lleva una sobrecarga emocional. La inmediatez irrumpe y no deja paso a la reflexión, a la atención del argumento del otro y, como es sabido, la buena comunicación inicia con una buena escucha.

Las redes sociales, la realidad alternativa, a la carta, crean unas vidas simuladas y, por lo tanto, unos intercambios comunicativos irreales, con palabras y con imágenes (la obsesión de los filtros), que concuerden con ese simulacro perseguidor de likes (y de envidias más o menos disfrazadas). Las historias de decepción -ocasionalmente de terror- al pasar de la realidad camuflada, virtualizada, a la realidad no digital dan para varias series de Netflix en donde, como en tantísimos episodios, la realidad supera la ficción...Las carencias en la comunicación tienen un efecto devastador en la confianza entre las personas, lo que alimenta la falta de sinceridad, o al menos, mantenernos en lo superficial para protegernos...La desconfianza nos fatiga emocionalmente, una parte de nosotros -más o menos significativa según perfiles psicológicos (el sociópata navega exultante en la impostura)- se siente perturbada. 

Por otra parte, las presiones de índole económica en estos tiempos de incertidumbre laboral, de pérdida de poder adquisitivo, añaden fatiga física y mental, urgen las horas de descanso, que pueden escasear por las jornadas laborales con horarios alargados, por tener más de una ocupación para complementar ingresos, por el tiempo perdido en desplazamientos en medio de una tránsito caótico. El tiempo se nos escurre, se nos fuga. tempus fugit ya dijo el poeta hace más de veinte siglos,,,La réplica a esa desdicha es el también célebre carpe diem (disfruta el momento), puro corto plazo. Poco tiempo, fatiga, incomunicación, desconfianza...es muy difícil construir (reconstruir) una sociedad con ese andamiaje...


viernes, 17 de abril de 2020

ODA AL AMOR...(en tiempos del covid-19)


Con la firma JdT recibo esta reflexión sobre el amor...un estilo peculiar de prosa con aliento poético...

Yo pensaba que el amor debía de ser mágico y que todo era alegría, pero al cabo del tiempo experimenté que tras esa palabra se esconde el dolor más fuerte...

Aún con el transcurrir de las vivencias, me entero que todo no podía limitarse a un sopesarlas, y dejé de lado lo que podría ser ese sentimiento que embriaga a las masas...

De pronto, la vida me golpeó, y sí, me refiero a ese sentir como una bofetada que me despertó del letargo de una idealización del sentimiento, con tal fuerza entrañable que me arrebató los miedos, me desnudó (y desdudó) completa, acentuó mi no perfecta, pero sincera sonrisa, y con dolor incandescente puso luz en mi mirada, cegando así para siempre todo escenario cataclísmico del verbo en toda su esencia; se inoculó entre la sangre de mis venas y causó ebullición con coraje para despertar... Despertar de un idealismo heredado, de una concepción adquirida, de un apego infundido por medios ajenos al latir de mi propio corazón...

Fue tan fuerte su sutil y contundente toque que la transfiguración de mi ser dejó verme a la sombra de sus alas, templando escalofríos, humedeciendo la aridez. Susurrante y contemplativo configuró un nuevo amanecer interior.

Amar, qué lindo que suena; pero la verdad, una vez que nace el amor, es un diario quehacer, es lidiar con la velocidad de la luz cuando siento la suavidad de tus besos entrelazados con el paladar, y la letárgica espera del acariciar la luna que está deslizándose en el horizonte de tu espalda...

El amor se volvió una tentación, una adicción, una obsesión, una desesperación, una locura que, dentro de una pacificadora -pero ambigua- sensación de querer darlo todo, recibir todo, se tonifica como la razón para mantenerme firme, sostenerme en el borde de la demencia, soportar las circunstancias que definirían la eternidad del fuego que prende mis ganas de vivir...

El amor podría definirse de múltiples formas, cientos de versiones literarias, miles de manifestaciones pasionales, millones de experiencias sensoriales, pero para mi, mirándote, el amor son siglos, el amor es tu mirada miel avellana, es la sonrisa espontánea que me mueve a conquistar el mundo con tal de volver a contemplarla, es el sonido de tu respiración cuando te despides a tus sueños o la más galopante al extasiarte en mis caderas. Es verte saborear tus irrenunciables placeres del dulce, son tus anécdotas del devenir de tus años hasta llegar a la estación para proseguir nuestros viaje juntos a Itaca...Son las brillantes intervenciones en las pláticas del atardecer, es tu recodo griego que me domina, es el aglomerado de atención que me brindas, es saber que existes y que no estoy perdiendo la razón ni la fe. Es, para un corazón herido, sentir que no duele latir por vos...

Un final predecible sería decir que te amo, pero no podría pronunciarlo, no hoy, no ahora... Porque lo que siento por vos es básicamente todo de vos, y vos...eres más de lo que tanto se ha dicho del amor...

lunes, 24 de septiembre de 2018

EL ARTE DE PENSAR

Doy un vistazo a la biblioteca buscando algo que tal vez me llame la atención para releer, o acabar de leer pues a veces dejo el libro a medias; preferiblemente corto, pero sustancioso (como criterio de selección)...¡eureka!: "Nuevo arte de pensar" de Jean Guitton (Ed. Encuentro, Madrid, 2000). Una guía para activar y cultivar el hábito y la habilidad de pensar. Algunas ideas al respecto, tan necesarias en los tiempos que corren, con una sobredosis de datos y de informaciones, pero no tanto de reflexiones en medio del alud...:

Para empezar a pensar...sepas admirar, detenerte a valorar el aire, la alegría de la luz...eso que, a veces, hay que estar convaleciente para pensar en ello...

Por ejemplo, ¿por qué aprendes en un viaje?, por la sorpresa, por el asombro, por la admiración, el contraste o la comparación entre realidades, de ahí, la sabiduría -aparte de la amenidad- que uno puede encontrar en los relatos de viajes que además, apunta Guitton, los clásicos -crónicas reales o de ficción, Gulliver como modelo- utilizaban como una forma de disimular las críticas que era peligroso hacer de la realidad del propio país...

Otrosí: Aprendes más de un profesor por la admiración -emoción pues- que te provoca que estrictamente por el contenido, que puedes encontrar en textos...

Para acabar con esa recomendación de saber admirar, una perla de George Elliot (me pica la curiosidad, vamos un momento a Google: seudónimo de la escritora británica Mary Ann Ewan (1819-1880). "El arte de denigrar está al alcance de todos los tontos; necesitamos que se nos enseñe a admirar".

Otra sugerencia para provocar el pensamiento: Frecuentar personas o libros contrarios a nuestra habitual manera de ver...¡Si el sr. Guitton levantara la cabeza en estos tiempos de gregarismo facebookiano...!

Estar atento a las paradojas, a las contradicciones que, no pocas veces, son aparentes. Desconciertan, pero ayudan a pararse a pensar, a tratar de articular lo contradictorio...

Pensemos..."la invención es la flor del pensamiento"...


domingo, 18 de junio de 2017

UNA CULTURA ORGANIZACIONAL DAÑADA...

Tarea siguiente en el Seminario de Gestión Estratégica, un cuestionario con preguntas sobre el trípode invisible. En la última pregunta, más de aplicación que conceptual, pido que, individualmente, cada estudiante analice las diferencias que percibe entre una cultura idónea (pregunta previa) y la realidad empresarial o institucional en que se desempeña dia a dia.

El grupo está en ascenso, análisis bastante incisivos ...y coincidentes (institución representante de un Poder de la República). Nelson logra varias "ces" en el suyo: Concreto, conciso, crítico y contundente...Edito los factores negativos en la cultura de la organización, para reducirlos a diez (ya saben cómo me gustan los decálogos):

- No identificación, trabajar sin pasión...correlativamente, la siguiente:
- Esfuerzo mínimo, búsqueda de una zona de confort.
- Escaso empoderamiento (demasiadas ínfulas de grandeza).
- Coartar la creatividad, es amenazante.
- Silencio ante anomalías.
- Murallas para acceder a tomadores de decisiones.
- Menguante calidez humana.
- Elementos insanos, conflictivos, resentidos, parasitarios.
- Nombramientos carentes de legitimidad.
- Limitaciones presupuestarias.

Así pues, el tripode invisible en esta institución cojea ostensiblemente. No hay sentido de misión, la cultura organizacional está erosionada y el liderazgo muestra carencias significativas...Como siempre, hay que buscar un punto de esperanza, ver una lucecita al final del túnel (no omito el chiste: que no resulte el tren que viene en dirección contraria): Una nueva generación, de la que el actual grupo es una muestra, más capacitado, más dispuesto a los cambios...y con más presencia femenina.

martes, 24 de septiembre de 2013

MUTIS, MAQROLL, MARLOW...

La muerte de Alvaro Mutis me hizo rememorar, como imagino a miles de sus lectores, su personaje capital Maqroll el Gaviero. Fue un grato descubrimiento que me movilizó, como siempre hacen en mi ánimo las metáforas viajeras...Me llevó repetidamente a recordar "El corazón de las tinieblas", la cumbre -a mi juicio- de la obra de Joseph Conrad. Del resultado de ese cruce nació un ensayo que voy a adjuntar, muy largo, pero ojalá útil para algún visitante de la blogosfera...

                                 
                                        MAQROLL - MARLOW: Un viaje afín

Este ensayo nació de la lectura de una entrevista que, en una búsqueda por Internet sobre el concepto de realismo mágico, encontré del escritor colombiano Alvaro Mutis (Bogotá, 1923) y en la cual, además del concepto buscado (e impecablemente detectado por Google), hablaba de su personaje Maqroll el Gaviero . La nieve del almirante  (1986) es la primera de las siete novelas que Mutis ha escrito con Maqroll el Gaviero como protagonista. A pregunta de la periodista sobre su paralelismo con El corazón de las tinieblas (1902) de Joseph Conrad, Mutis declaraba admirar a Conrad, pero que la comparación no podía ir mucho más allá de que "las dos describen el remontar de un río" .

En otra entrevista, ya aguijoneado mi interés por Maqroll el Gaviero, tras afirmar que "...a Joseph Conrad lo leí de joven y me fascinó", añadía que si bien "...algunos críticos han querido encontrar paralelismos entre La nieve del almirante y El corazón de las tinieblas (...), lo único que yo hago es escribir sobre lo que me ha pasado o deseara que me pasara" .

En todo caso, la alusión a El corazón de las tinieblas me atrajo, no en vano era ésta una novela que consideraba genuinamente un clásico, por haberla visto citada por variedad de autores y en variados contexos . Además, la tenía -imperdonable- pendiente de lectura, nada menos que desde inicio de los años ochenta ⎯obviamente del siglo pasado⎯, cuando supe que la portentosa Apocalypse Now de Francis F. Coppola estaba inspirada en ella. La reciente reedición, comercialmente titulada Apocalypse Now Redux, no hizo más que aguzar el deseo de degustar la obra conradiana (por cierto que pletórica ya en mi mente de imágenes coppolianas).

Así pues, a pesar del escepticismo de Mutis sobre la intertextualidad de La nieve del almirante y El corazón de las tinieblas, su reiterada declaración de admiración por Conrad  me condujo a querer buscar esos trazos comunes - y disímiles-y, así, disfrutar al alimón de Conrad y del Premio Cervantes del 2001.

La nieve del almirante (en adelante, LNA) es la primera novela de Alvaro Mutis, escrita cuando contaba ya con 63 años de edad. Su protagonista, Maqroll el Gaviero (en adelante MEG) había nacido en sus poemas de juventud y asomó su nombre, en publicación formal, en el Suplemento Dominical de El Espectador de Bogotá. El poema se titulaba "Oración de Maqroll el Gaviero". Posteriormente, protagonizó un libro de poemas, Los elementos del desastre (1953). Una obra "...que podía leerse como una carta de creencia y el resumen de su estética" , dice Juan Villoro en referencia a Mutis.

Maqroll el Gaviero ha protagonizado siete novelas, pero "...me he cuidado de no seguir orden cronológico alguno" , manifiesta Mutis. El nombre Maqroll lo inventó buscando que pudiera ser pronunciado de la misma manera en varios idiomas  y, en cuanto al Gaviero, es "...el marinero que sube a la gavia, la vela más alta, y desde una especie de canasta va anunciando lo que ve", explica el propio autor.

Para su progenitor, MEG es "...un personaje que tiene una filosofia que consiste en dos principios: No juzgar a nadie, ni ninguna situación. Y dejar pasar las cosas. No tratar de mejorar ni al mundo ni a los hombres. Evitar rectificar los caminos que cada cual ha escogido". Maqroll "...no es un aventurero (...) su errancia no es para conocer el mundo: ya no hay mundo que buscar (...) [Maqroll] se busca adentro de sí mismo, se desplaza hacia sí mismo" . Esta postura vital de Maqroll, llevada a cierto extremo, en ciertas circunstancias, provoca críticas como la de Ernesto Gómez Mendoza: "En las narraciones de Mutis hay demasiada renuncia..." .  En La nieve del almirante, como veremos más adelante, encontramos muestras de ello.

En cuanto a la contraparte de este escrito, Teodor Józef Konrad Korzeniowski  (Berdiczew; Polonia -actualmente Ucrania- 1857; Kent, Inglaterra, 1924), se nacionalizó británico en 1886 y unos años después cambió su nombre al universalmente conocido Joseph Conrad. Publicó El corazón de las tinieblas (en adelante, ECT), en 1902. La novela se inspira en la vivencia personal del autor, que viajó al Congo Belga en 1890, como empleado de la Sociedad Anónima Belga para el Comercio en el Alto Congo. Una grave enfermedad puso fin a su estadía africana al cabo de pocos meses, pero resultaron suficientes para que decidiera novelar su experiencia y sus impresiones en lo que  Mario Vargas Llosa ha sintetizado como "...una implacable requisitoria contra el colonialismo y el imperialismo europeos y las monstruosas injusticias que perpetraron en el Africa" .

El protagonista de ECT, Charlie Marlow, marinero como MEG, es capitán de navío y protagonizó otras dos novelas de Conrad: Lord Jim (1900) y Juventud (1902).

El diario y la narración.

La Nieve del Almirante se estructura como un diario, escrito en hojas sueltas, facturas y otra papelería comercial, que el primer narrador reproduce ⎯como si fuera el editor⎯ tras habérselo encontrado en un bosillo de la contratapa de un libro del siglo XIX, que el autor compró en una librería de antiguos en el Barrio Gótico de Barcelona. Tras esta anécdota introductoria, inicia el diario de MEG en su singladura a través del río Xurandó ⎯ficticio, aunque fácilmente imaginable en la cuenca del Amazonas⎯ en busca de unos aserraderos de los que tenía vagas referencias y en los que pensaba comprar madera valiosa, a muy buen precio, para después revenderla. El diario de viaje dura de un 15 de Marzo a un 29 de Junio, de un año desconocido. Así pues, Maqroll es lo que en narratología se denomina un narrador homodiegético .

Asímismo, iniciamos las coincidencias que han emparentado a los autores respectivos: el Marlow de Conrad va a remontar un río en una zona abrumadoramente selvática y su relato se enmarca con un  narrador heterodiegético , que nos ubica en el arranque de la novela y que, ocasionalmente, interviene para describir a Marlow y sus oyentes, que se encuentran en el estuario del Támesis, a la espera de que la marea sea propicia para zarpar. Esta intervención del primer narrador, aunque muy puntual, a diferencia de LNA, en donde en ningún momento interrumpe el Diario, le permite a Conrad tomar mayor distancia de su personaje que en Mutis con su MEG .

Si, al menos explícitamente, el fin del viaje de MEG es negocio, en ECT, la meta de Marlow es localizar a Kurtz, un empleado de la Compañía  del que se ha dejado de tener noticias y, los rumores, apuntan a que se han producido situaciones muy extrañas, perjudiciales para los intereses de la Compañía. Ambas metas están rodeadas de misterio, de enigma, de algo inquietante; ciertamente, más profundos en ECT. Ambos viajes, por otra parte, tendrán un nítido componente hermenéutico: al viaje geográfico se le yuxtapondrá un significativo viaje interior.

¿A qué responden los títulos respectivos? 

A. Mutis en su introducción como primer narrador relata:

Me ha parecido, por otra parte, de elemental equidad que este diario lleve como título el nombre del sitio en donde por mayor tiempo disfrutó Maqroll de una relativa calma y de los cuidados de Flor Estévez, la dueña del lugar y la mujer que mejor supo entenderlo y compartir la desorbitada dimensión de sus sueños y la ardua maraña de su existencia .

 ¿Y en qué consiste ese "lugar"? Nos lo dice MEG: "La historia de la madera la escuché por primera vez en La nieve del almirante, la tienda de Flor Estévez en la cordillera" .

Simbólicamente, ¿a qué responde el título? Es muy sugestiva la hipótesis de Martha Canfield : La nieve del almirante parece combinar una doble aspiración de Maqroll: Ser almirante, máximo nivel jerárquico en la Marina, y residir en la nieve, en la cordillera. De lo primero, sin embargo, no he  hallado indicios en LNA; en cuanto a lo segundo sí hay un auténtico insight de Maqroll, cuando, después de numerosas referencias acuáticas (mar o río), exclama al vislumbrar la cordillera, ya en las zonas altas del Xurandó:

Soy de allí. Cuando salgo de allí empiezo a morir (...) mi verdadera morada está allá  .

El corazón de las tinieblas, en lo geográfico, se refiere a la honda profundidad de las tinieblas en el corazón de la selva del río Congo. En lo metafórico, el corazón es el de los hombres, un corazón que fácilmente cae en tinieblas y vuelve tenebroso al hombre aparentemente civilizado.

Algunas concomitancias secundarias

Marlow atraviesa el Canal de la Mancha para ir a concretar su empleo que lo llevará al Congo, la ciudad es innombrada: "...una ciudad que siempre me ha hecho pensar en un sepulcro blanqueado" ; podría ser plausiblemente Amberes, emporio de los negocios belgas en ultramar.  Como acabamos de ver, la nota al final del Diario de Maqroll, que recién citamos a pie de página, número 17, está firmada en Antwerpen, nombre en lengua flamenca de Amberes.  

Las sendas naves en que nuestros protagonistas se embarcan ⎯eso sí, Marlow como capitán y MEG sólo como pasajero; ambos, por cierto, en estas obras, marineros en agua dulce⎯ se encuentran en deplorable estado, lo que causa permanente preocupación: En LNA, "lucha con asmática terquedad"  contra las corrientes; el motor "...cambia de ritmo a cada rato, lo que nos mantiene en constante estado de incertidumbre" . En ECT, "...aquel cacharro de hojalata..." ; "temía que aquel maldito trasto se diera por vencido en cualquier momento" . Alegoría -atisbamos- del frágil equilibrio de la psique humana, de la volubilidad de su voluntad, del riesgo permanente de encallar .

Dos tripulantes, respectivamente, muestran gran celo y dedicación, identificación podríamos decir, con su labor: En ECT, a subrayar que con descarado racismo, en uno de los pasajes que, a buen seguro, han suscitado las críticas de racismo que se han formulado a la obra, Marlow narra:
..tenía que vigilar al salvaje que teníamos como fogonero. Era un ejemplar perfeccionado (...). Unos pocos meses de entrenamiento habían hecho de él un elemento estupendo(...). Tendría que haber estado aplaudiendo y golpeando el suelo con los pies, y en vez de ello trabajaba duramente (...). Era útil porque había sido instruido... .

En La Nieve del Almirante, Mutis señala del maquinista, también indígena:

Su relación con éste [el motor] es un caso patente de transubstanciación; los dos se confunden y conviven en un mismo esfuerzo: que el lanchón avance .

Y coincide con Conrad en su extrañeza y asombro por las habilidades técnicas de un indígena:
Fascinante la paciente sabiduría con que este indio, salido de las más recónditas regiones de la jungla, consigue identificarse con un mecanismo inventado y perfeccionado en países cuya avanzada civilización descansa casi exclusivamente en la técnica .

 Esa cuidadosa y respetuosa relación con la técnica, ¿no constituye la más prudente guía para reducir el riesgo de que la humanidad extravíe su rumbo, de que se despeñe por la catarata de la demencia?

Hay una alusión común a la insuficiencia del lenguaje verbal, y que por una de esas casualidades de improbable ocurrencia, se encuentran en la misma página, la 92, de las respectivas ediciones que estamos utilizando. En LNA, escribe Mutis refiriéndose a una conversación de Maqroll con el Capitán:

 El tono de su voz, sus gestos, su manera de perderse en largos silencios, contribuyen mucho para hacer de nuestra conversación uno de esos ejercicios en donde no son las palabras las encargadas de comunicar lo que queremos, más bien sirven, por el contrario, de obstáculo y como factor de distracción 

En ECT, en un diálogo entre Marlow y un muy pintoresco personaje fanático seguidor de Kurtz, Conrad señala: 

...esa extraña historia (...) más que relatada, me había sido sugerida por exclamaciones desoladas, encogimientos de hombros, frases interrumpidas, insinuaciones que terminaban en profundos suspiros .

La Selva

Es una protagonista principal, el marco geográfico omnipresente. Estimamos que más que constrastes entre ellas, africana una, americana la otra, lo destacable es, a nuestro juicio, su complementariedad. Varias de las descripciones en LNA anticipan lo que Marlow encontrará, explican en alguna medida la metamorfosis de Kurtz; podríamos decir, benevolentemente, que son atenuantes, jamás justificantes, del terror desatado por éste. Veámoslo:

El Capitán de la nave en la que viaja MEG advierte: "La selva tiene un poder incontrolable sobre la conducta de quienes no han nacido en ella. Los vuelve irritables y suele producir un estado delirante no exento de riesgo" . Maqroll, en otro pasaje: "En este clima sólo las más elementales y sórdidas apetencias subsisten y se abren paso entre el baño de imbecilidad que nos va invadiendo sin remedio" . Más adelante, "...la humedad algodonosa de la selva, que embota los sentidos y distorsiona todo sonido, olor o forma que tratemos de percibir" .

El Mayor que capitanea un regimiento en la región en donde se ubican los aserraderos: "Aquí la inteligencia se embota, el tiempo se confunde, las leyes se olvidan, la alegría se desconoce, la tristeza no cuaja..." . Sin embargo, apuntemos finalmente, el contrapunto que pone el Capitán, ya acostumbrado a la vida cotidiana en la selva: "La selva sólo sirve para acelerar la salida. En sí no tiene nada de inesperado, nada de exótico, nada de sorprendente. Eso son necedades de quienes viven como si fuera para siempre" . Notoria y sabia hibridación. La selva para él es tan normal como para los indígenas...

Marlow, pasando a ECT, formula quizás menos observaciones sobre el entorno selvático. Manifiesta a sus interlocutores que, al capitanear el barco - a diferencia de Maqroll, mero pasajero- no tenía "ni un momento libre" , tenía que estar pendiente de un sinfín de cosas, de "meros incidentes de la superficie" . No obstante, consideramos reflexiona con mayor hondura sobre la, digamos con cierta rimbombancia, dialéctica hombre-selva; sobre todo, a raíz del encuentro con Kurtz. La mirada desconfiada de Marlow hacia la selva "..quietud de una fuerza implacable cerniéndose con una intención inescrutable [que] lo miraba a uno con aspecto vengativo" - la transforma, paranoizadamente, en una selva que lo mira con ansias de venganza. La esencia del miedo: lo desconocido, lo extraño, lo incontrolable. Y, con él, la emergencia de las tinieblas del corazón, la violencia ciega, ejemplarizada en escena monumental: Un barco francés "...disparaba contra los matorrales (...). En la vacía inmensidad de tierra, cielo y agua, allí estaba, incomprensible, disparando contra un continente" .

Y para acabar de caracterizar el miedo, el elemento que faltaba: el diagnóstico de locura en el Otro. Los cánticos, los gritos, los saltos, la agitación entre los indígenas, que Marlow y demás occidentales observaban desde la nave oteando la costa, le lleva a decir: 

Estábamos aislados de la comprensión de todo lo que nos rodeaba; nos deslizábamos como fantasmas, asombrados y secretamente aterrados, como pueden estarlo los hombres cuerdos ante un estallido de entusiasmo en un manicomio .

Las mujeres

Guillermo Saccomanno cita que a Conrad se le ha reprochado "...la endeblez de sus criaturas femeninas" ; sin embargo, apunta que "...Virginia Woolf salió en su defensa apoyándose en que los barcos, en inglés, son femeninos. Según Woolf, los barcos son los mejores retratos femeninos de Conrad" . Tras una considerable perplejidad, concluimos que es un afilado sarcasmo...Efectivamente, no son destacables las mujeres en ECT...

Aparecen tres. La primera, en los inicios de la obra, es la tía de Marlow, que lo ayudará a conseguir el empleo que quiere. Marlow, caballero conservador, a tono con su tiempo, exclama: "Yo, Charlie Marlow, puse a trabajar a las mujeres...para obtener un empleo. ¡Santo cielo!" . ¿Cómo era la tía?: "...encantadora, un alma entusiasta y de gran corazón" . En la escena de la despedida, en que le agradece la fructífera mediación, Conrad desliza una sintética y contundente visión del mundo femenino, para probable espanto de cualquier corriente feminista: "Es extraordinario comprobar cuán lejos de la realidad pueden situarse las mujeres. Viven en un mundo propio, que nunca ha existido, ni existirá jamás. Es demasiado hermoso; si hubiera que construirlo, se derrumbaría antes del primer crepúsculo" . Aunque añade una autocrítica masculina en la que todos coincideremos: "Cualquiera de esos endemoniados hechos, con que nosotros los hombres nos las hemos tenido que ver desde el día de la creación, reapearecería y lo echaría todo a perder" .

Avanzada la novela, ya en los territorios en donde se halla Kurtz, surge una indígena, una genuina amazona, una "...salvaje y deslumbrante aparición" . La descripción física nos parece convencional (telas, flecos, peinado, collares, etc.), la percepción del carácter, a su manera, también: "Era feroz y soberbia, de mirada salvaje y espléndida, había algo siniestro y majestuoso en su lento caminar" . ¿Qué queremos decir con a su manera?: Que refleja esa combinación de fascinación-atracción y temor-rechazo que, a no pocos miembros del género masculino, les provoca la mujer que no calza con estereotipos femeninos.

La tercera y última presencia femenina es la de la prometida de Kurtz, a la que Marlow va a visitar para entregarle un retrato y unas cartas, como excusa, pues en realidad lo que desea es conocer a la mujer del retrato, prometida de un ser tan controvertido como Kurtz. Tenía una capacidad madura para la fidelidad, para un ideal, para el sufrimiento" , lo que inferimos, como cabe pensar hizo Marlow, por el luto que la mujer aún mantenía cuando "...hacía más de un año que él había muerto, más de un año desde que había llegado la noticia" . La estereotipia de la escena huelga de comentarios. Marlow -valiéndonos del tópico- caballero británico, no quiere destrozar a la frágil damisela, más bien "...creí que tenía que contener[la] (...) para la salvación de otra alma" . A ruego de la mujer acerca de cuáles fueron las últimas palabras de su prometido, Marlow no menciona las apocalípticas -nunca mejor dicho, recordando que son asímismo las que cierran Apocalypse Now- palabras finales: "¡Ah, el horror! ¡El horror!" , sino que opta por un -dentro de lo dramático de la situación- happy end que haría las delicias de los guionistas habituales de Hollywood: "La última palabra que pronunció fue su nombre" ...

En La nieve del almirante, la protagonista femenina implícita, aludida en varias oportunidades por MEG, pero sin llegar a intervenir nunca, se llama Flor Estévez, que, recordemos, es la destinataria del Diario de Maqroll . Antes de abundar en ello, señalar que la única mujer que aparece en esta obra de Mutis es una indígena que, junto a su esposo y dos hijos, viaja durante unos días en el lanchón. Suben en la noche del 18 de Marzo, siguiendo las anotaciones del Diario, y en la segunda noche, consignada en el apunte del día 21, cuando Maqroll dormía, "...un olor a limo en descomposición (...), insoportable"  lo despertó; abrió los ojos, "...la india estaba mirándome fijamente y sonriendo con malicia que tenía algo de carnívoro, pero al mismo tiempo de una inocencia nauseabunda. Puso su mano en mi sexo y comenzó a acariciarme" . Mientras tanto, el marido estaba penetrando a otro viajero, "...el eslavo", que luego "...penetró a su vez"  al indio, quien emitía un "quejido que nada tenía de humano" . En la noche siguiente, "el eslavo se llevó (...) a la india a su hamaca, y esta mañana amaneció otra vez con el indio que dormía abrazado sobre él" ...

Confesamos no tener la menor idea sobre los hábitos sexuales de los indígenas de esta, presumiblemente, región amazónica; pero, una de dos, o son de una promiscuidad bochornosa o a Mutis se le fue la mano fantaseando con los pobres -y malolientes (Maqroll vomita después de la copulación )- indígenas. 

Flor Estévez, quien entregó sus ahorros a  MEG para su proyecto maderero, es una mujer muy amada y admirada por Maqroll. Sus sentimientos se condensan en una reveladora carta que escribe en su Diario, ya cerca del final de su aventura. Una epístola que escribe "sin otro propósito que sentirla cercana" , "...hablar un rato para descansar mi ansiedad y alimentar mi esperanza" . El trato es, a la vez, muy respetuoso - de usted-, colmado de afecto y no exento de intimidad. Su admiración queda resumida en uno de los párrafos finales, abiertamente feminista: 

Más se aprende al lado de una mujer de sus cualidades, que trasegando caminos y liándose con las gentes cuyo trato sólo deja la triste secuela de su desorden y las pequeñas miserias de su ambición .

Flor es una mujer que apunta reunir ese conjunto de versátiles cualidades que el hombre aspira encontrar en la mujer: la amiga-compañera con la que dialogar y compartir alegrías y tristezas; la amante entregada y diestra en las lides amatorias y, también, ¿para alarma de psicoanalistas?, la madre protectora de ese niño que -creemos- nunca deja de ser el hombre, quizás nunca desaparece por completo de su ser.

El lugar que Flor Estévez tiene en el corazón del Gaviero no responde a la belleza o al placer, sino a la profundidad de la amistad, a la complicidad alcanzada, tejida sobre todo con transparencia y lealtad ...

 Maqroll - Marlow: cara a cara.

Ya en los albores de este trabajo (v.p.2), apuntaba la valoración de Mutis sobre la filosofía vital de su criatura: "No juzgar a nadie, ni ninguna situación. Y dejar pasar las cosas". Consuelo Hernández ahonda: "...se acomoda y cae a veces en un escepticismo o en un nihilismo nefasto" . Añado esta otra palmaria declaración acerca de que cuando siente incertidumbre y temor, anhela la llegada de la "...indiferencia bienhechora que todo lo subsana" . La indiferencia en la que todos vamos cayendo, demasiado ocupados, y pre-ocupados, por alcanzar nuestras metas, sean de índole económica, académica, política, etc, y que nos hace pensar en el sentido de las lacónicas palabras de Gabriel García Márquez sobre Maqroll: "Maqroll somos todos" .

En una perspectiva psicoanalítica, MEG padece de compulsión a la repetición : 

Me intriga sobremanera la forma como se repiten en mi vida estas caídas, estas decisiones erróneas desde su inicio, estos callejones sin salida cuya suma vendría a ser la historia de mi existencia .

Trata de esquivar la realidad desalentadora, "...ajustándo[la] engañosamente a la medida de mis deseos, "librándose a una "...cadena de postergaciones, descuidos e inadvertencias" . O sea, que nuestro Gaviero es, incontestablemente, carne de diván, cuyo viaje ¿terapéutico?  pretende suplir con sucesivas embarcadas (dicho en su sentido literal y en el figurado que es popular en Costa Rica, y de indiscutible vigencia en boca del actual Presidente de la República).

Conrad, deseando denunciar lo incivilizatorio del proceso colonizador supuestamente civilizatorio, ofrece un Marlow intensamente ideológico, en comparación del indiferente y ensimismado Maqroll. El personaje conradiano lanza una mirada típicamente modernista -aunque no deslumbrada- frente a la postmodernista del Gaviero. Más que eurocéntrica, es anglocéntrica, como podía esperarse. Colonialista, en uno u otro caso,  omite referirse al colonialismo británico: Los hechos suceden en el Congo Belga y el viaje previo hasta este país lo hace en un vapor francés, "...que hizo escala en todos los malditos puertos que tienen por allí"  y, apostilla, en lo que constituye una notable síntesis de la colonización: "...con el único propósito, según pude percibir, de desembarcar soldados y aduaneros" .

Razonemos un poco esas etiquetas: Un Marlow modernista. Baste como revelador botón de muestra la siguiente cita: "Lo que a nosotros nos salva es la eficiencia..., el culto por la eficiencia" ; aunque no deslumbrado por la modernidad: No olvidemos de dónde venimos, quiénes fuimos: 

...la oscuridad reinaba aquí aún ayer" . La empresa colonizadora ha sido "pura opresión", "pillaje", "alevoso asesinato a gran escala" . Sin embargo, la conquista -inferimos que la británica- se puede justificar por "una idea que la sostiene (...) y una creencia desinteresada en esa idea, y ante lo que uno puede postrarse y ofrecerse en sacrificio... .

Un Gaviero postmoderno, como "estructura de sentimiento" , esto es, "como una forma de aprehender y experimentar el mundo y nuestra ubicación, o desubicación, en él" . Parafraseando a Hebdige : sin totalizaciones, sin seguridades, sin utopías. Un Maqroll del que no conocemos su identidad: ni nación, ni etnia, ni religión...

Ambos personajes, en todo caso, no abandonan una postura común de espectadores; muestran rasgos de flâneurs  en su deambular -aunque no sea urbano, marco por antonomasia del flâneur-  se muestran como observadores atentos, como constructores de caracteres: Sánchez-Ostiz cataloga a Marlow como un "especialista en darle vueltas a los destinos ajenos" . Maqroll da muestras abundantes en su Diario.

El viaje interior, de Marlow es intenso, lo anticipa en los primeros compases de su travesía, bajando por la costa africana: 

Durante algún tiempo sentía que pertenecía aún a un mundo de hechos claros y distintos, pero esta creencia no duraría mucho .

  Maqroll nos dice en clave homérica que la aventura, el viaje en sí, fue el aprendizaje: "...termino siempre por consolarme pensando que en la aventura misma estaba el premio" . Para  Marlow, eso es cierto; pero la meta, conocer a Kurtz, conocer el corazón de las tinieblas, fue trascendental. Para  Maqroll, la meta fue una decepción, nada menos que "...un espejismo edificado con restos de rumores" 

Kurtz -y eso es lo que da inmortalidad a la novela de Conrad- es la antítesis de un espejismo. Una metáfora universal sobre el frágil equilibrio de lo que llamamos civilización, que nos pone alerta frente a la intolerancia maniqueísta. "Toda Europa participó en la creación de Kurtz" , clama Marlow, antes de dos Guerras Mundiales, antes del surgimiento de la versión más perfeccionada de Kurtz: el nazismo. Y, Kurtz, en definitiva, y para acabar, ¿no campa hoy por hoy en Irak?  •





jueves, 25 de julio de 2013

CARACTERES ESPAÑOL, LATINOAMERICANO, CATALÁN...

ABC es un periódico de muy arraigada tradición en la prensa madrileña. Conservador, derechista pues, monárquico y españolista. Muy previsible su línea editorial ante los cambios socio-políticos, las alternativas económicas y todo lo que tenga que ver con la sagrada unidad de España. Pero, por otra parte, escriben en sus páginas de opinión personas de mucha erudición y cultura, sus artículos suelen tener de los más altos niveles de calidad en la prensa española, por sus contenidos, redacción y estilo.

Hoy, D. Juan Antonio Sagardoy, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publica un artículo titulado "Hamlet y Don Quijote": La personalidad ideal para el mundo globalizado del siglo XXI sería un híbrido de estos dos modelos literarios de conducta. En cuanto al carácter español destaca -y presenta una fuerte afinidad con el carácter latinoamericano, de ahí mi comentario- "la calidad afectiva, nuestra solidaridad con el dolor ajeno, nuestra hospitalidad; y (...) nuestro optimismo vital". Del lado de los defectos también podemos señalar la clarísima herencia española en el ser latinoamericano: "somos poco ahorradores, poco previsores", ingeniosos e imaginativos, esperan del Estado todo, "como maná venido del cielo"...

Prosigue, "otro de los temas en que tenemos que cambiar es la apreciación del éxito de los demás". Curiosamente omite la palabra cruda y dura: la envidia, ese pecado capital, esa lacra moral que socava el progreso de una sociedad. Y cierra el artículo -no podía faltar- mencionando el problema de "la unidad nacional, el ser y sentirnos España"...Supongo que por la lógica limitación de espacio no lo desarrolla mayormente, así como tampoco el carácter hamletiano, aunque podríamos inferir que queda implícito, como básicamente opuesto a lo descrito. Y ahí reside, a mi juicio, una de las causas profundas del histórico desencuentro español-catalán. El catalán es más hamletiano, esto es, ahorrador, previsor, más responsable con sus compromisos y, cierto, también más distante y desconfiado, menos cálido y solidario...Humanos, desde luego, cargados de imperfecciones, la perfección sería otra forma de pesadilla...

miércoles, 26 de junio de 2013

"LORE": LOS ALEMANES TAMBIÉN SUFRIERON...

Lo habitual en las películas sobre la 2ª Guerra Mundial es explicar, desde algún ángulo, la tragedia de los judíos en medio de nazis, uniformados o no. Lore es una coproducción alemana-australiana-inglesa- de 2012 que narra el dolor de unos niños alemanes, de padres nazis desde luego, que deben de abandonar su casa. Los padres tratarán de huir, pero los hijos tendrán más posibilidades de salir indemnes si logran llegar a casa de su abuela, al norte del país, lejos de los territorios que están ocupando las fuerzas aliadas. Lore es la hija mayor, de unos 17 años, emprende la odisea con una hermana de unos 13, unos gemelos de unos 9 y un bebé que no llega al año. 

El encuentro fortuito con un joven judío recién liberado, Thomas, proporciona una cierta alegoría de la relación entre alemanes y judíos, ciertamente favorable a éstos que, irrefutablemente, llevaron la peor parte en la mayor tragedia de la historia de la humanidad (sin dejar muy lejos al Japón, arrasado por dos ataques nucleares; pero Hollywood está en Estados Unidos).

La fortaleza, la determinación y la perseverancia de Lore es admirable, sin embargo el adoctrinamiento recibido la conduce a una fuerte desconfianza hacia Thomas, y a aceptarlo por la ayuda y la protección que representa. En su hostilidad inicial incluso no quiere que tenga el menor contacto físico con ninguno de sus hermanos.

En los esporádicos encuentros con gentes en pueblos y aldeas predominan dos situaciones: Escasa solidaridad, todos lo alimentos los va consiguiendo a cambio de joyas que le entregó su madre. Y veneración por Hitler. Las primeras fotografías que ponen a circular las tropas aliadas sobre los campos de concentración son recibidas con escepticismo e incredulidad, incluso escupen en ellas.

Un hecho terrible, un asesinato, es lo que acaba de sensibilizar a Lore hacia Thomas, no es ya un judío, es un cómplice de su crimen: Sucedió que tenían ineludiblemente que atravesar un río, el puente más cercano estaba derruído. Encuentran a un barquero que se niega a recibir algo a cambio que no sea la entrega carnal de Lore. Basta una mirada para que se pongan de acuerdo, mientras el barquero empieza a desnudar a Lore, Thomas lo agrade con una piedra; ante la duda, decide golpearlo de nuevo y lo mata...

Hacia el final del viaje ya llegan a una vía férrea, pueden hacer el tramo final en tren. Uno de los gemelos, el superviviente (el otro muere en un absurdo incidente), le esconde la billetera a Thomas, cuando van a revisar billetes Thomas debe de bajar del tren. Sólo así, explica después el gemelo al confesar su hurto, sería posible separarse de él...

Minutos después -en el metraje de la película- llegan a casa de la abuela, fin del viaje que no del espanto...En una escena que perfectamente podría ser el arranque de una segunda parte, Lore empezará a entender, cuando menos a intuir, el porqué de todo el desastre sucedido en su patria. Al sentarse a la mesa, el gemelo -imagínense con qué hambre- coge apresuradamente una rebanada de pan. La abuela se erige -en escena imborrable- en el símbolo atroz de una educación excesivamente disciplinada y rígida, que acompañada del adoctrinamiento ultranacionalista, posibilitó que el pueblo alemán pudiera entregar su destino a Hitler: La abuela es capaz de reprender severamente a su nieto. Lore casi se descompone, hace lo mismo y, además, derrama expresamente su vaso y bebe recogiendo el agua con el cuenco de la mano. Sube a su habitación y quiebra a pisotones una delicada porcelana que había conservado a lo largo del viaje como un pedacito de belleza en medio de la más absoluta sordidez...pero, para qué belleza y refinamiento sin capacidad de sentir, en definitiva, sin capacidad de expresar lo que nos hace verdaderamente humanos, el amor... 

domingo, 31 de julio de 2011

ENCUENTRO CON UN INDIGENTE...

Domingo en la mañana, salgo a caminar, de regreso, para acortar, tomo la vía del tren, algunos recodos muy solitarios, repletos de basura...En uno de ellos, un hombre de unos treinta años está revolviendo unos escombros, coinciden las miradas, me saluda educadamente, le devuelvo el saludo, añade "perdone, le puedo hablar un momento...", sí, claro le digo, pues no siento ningún temor, el lenguaje de las miradas es poderoso, si uno le presta la debida atención...

Me viene a decir que ya superó las drogas y, con ello, asaltar para financiárselas; pero que llevaba un rato inquieto, poniéndose nervioso, que hablar le haría bueno. Como suele suceder, y si uno es creyente lo entiende perfectamente, en un momento determinado -parece que después de que su hermano fue asaltado y le robaron el carro- se propuso cambiar con la ayuda de Dios, reforzando su fe en Él, comprendiendo cabalmente qué es ser hijo de Dios, interiorizando que la Justicia Divina es eso, justicia, nada que ver con la inabarcable injusticia de la justicia humana, valga el juego de palabras. Utilizó un lenguaje bastante cuidado, sus gestos, su lenguaje corporal también...Nos despedimos, me agradece que le hablara con naturalidad, prestándole atención, pues lo veía en mis ojos que así era, sin temor, sin prejuzgarlo...

Un ser humano valioso, mucho más que la inmensa banda de altos ejecutivos de las finanzas, políticos y economistas que han abocado al mundo a la gravísima crisis en que nos encontramos.

Tal vez otro día hablaré del encuentro con la prostituta -fortuito, por favor, no por negocios-, que también me ayudó a reforzar mi fe, mi creencia, en lo que es auténticamente de valor en un ser humano: Esa prostituta valía cien veces más que cualquiera de sus clientes...

lunes, 4 de julio de 2011

LA EXTRAÑA DERROTA...

“La extraña derrota” de Marc Bloch es una obra que podemos clasificar como ensayo histórico sobre la capitulación de Francia ante la Alemania nazi en 1940, hecho que el autor, eminente historiador francés, considera “el desmoronamiento más atroz de nuestra historia” (pág. 79 de la edición que citaremos de Biblioteca de Bolsillo, ed. Crítica. Barcelona, 2009). Bloch escribe su intensa reflexión sobre la catástrofe que acaba de suceder, entre julio y septiembre de 1940, y es un recuento de los errores y omisiones que, en diferentes estratos de la nación – ejército, políticos, ciudadanía- precipitaron la ominosa y extraña derrota.

Setenta años después, mantiene una singular vigencia en tanto en cuanto señala debilidades en el funcionamiento de una sociedad democrática que, hoy por hoy, no nos harán caer bajo la tiranía nazi, pero sí bajo otras formas de esclavitud…

En el plano estrictamente militar, no me resisto a citar un detalle que me ha dejado intrigado, cito: “los aviadores alemanes no (subrayado mío) trataban de bombardear específicamente los estados mayores…” (139). ¿Código de honor o, más bien, no querían que la gerontocracia que estaba conduciendo la guerra tan mal fuera sustituida por una generación más joven y audaz?...

En lo organizativo son significativas –y de total actualidad- sus críticas a los comportamientos burocráticos: la lentitud en la comunicación, el temor a saltar la jerarquía en un largo escalafón cuando la situación era de emergencia, otro tanto respecto a delegar con flexibilidad más allá de lo reglamentado; los criterios de ascenso basados sobre todo en el mero paso del tiempo, y “la deplorable proliferación de órganos de mando” con la consecuencia de que “cuando el número de jefes superpuestos es excesivamente elevado, la responsabilidad se diluye entre ellos hasta el punto de que ninguno se siente personalmente involucrado” (104-105). En la pintoresca versión tropicalizada: mucho cacique para tan poco indio…Errores que en una situación de guerra, apunta Bloch, resultaron trágicos y que, en tiempos de paz, van erosionando la capacidad de desarrollo de un país.

En cuanto al funcionamiento del sistema democrático y el papel de los ciudadanos, una primera reflexión de Bloch es devastadora, resultó devastadora para una nación invadida: Se dio “una concepción errónea del interés público (…) una extraña prudencia” (133) que llevó a la rápida capitulación ante Alemania. Una profunda debilidad colectiva que, advierte Bloch, es la suma de numerosas debilidades individuales…

Otros vicios resultan muy familiares: “El parlamentarismo ha promovido con demasiada frecuencia las intrigas, a expensas de la inteligencia o de la abnegación (…) Nuestra maquinaria de partidos exhalaba un aroma a cafetines enmohecidos o a oscuros despachos de negocios…” (152).

Los nombramientos a dedo: La democracia empieza a debilitarse cuando sus altos funcionarios no acceden democráticamente a sus puestos, sino por ventajas plutocráticas…

Los sindicatos demasiado orientados a los pequeños intereses coyunturales, no adoptaron el puesto de soldados que en las fábricas exigía el reto de suministrar más armas, más vehículos, más motores…

La indigencia intelectual en círculos dirigentes, empresariales o militares: “a pesar de que se podía hojear el Mein Kampf, todavía se seguía dudando de los verdaderos propósitos del nazismo…” (145).

En definitiva, una fragmentación político-social que afectó el sentido de urgencia nacional, en el caso de la Francia de 1940, para combatir a Hitler; en el caso de Costa Rica, para combatir el subdesarrollo que condena a cientos de miles de costarricenses a una vida indigna, insostenible en un país que se enorgullece de su larga trayectoria de democracia y paz…

miércoles, 16 de marzo de 2011

EMPRESAS SECTA...

En una conversación en una actividad social, un invitado habla casi con fervor de la empresa para la que trabaja....¡click!, me viene a la mente el tema de las empresas secta que me interesó, hará un par de años, a partir de la lectura del libro que cito más adelante y que fue la base del artículo que adjunto...Hay, al inicio como van a ver, una mención a Japón. Las Fuerzas Supremas de lo Alto les ayuden a superar esa gigantesca catástrofe...

El tema de la cultura organizacional ha ido acaparando mucha atención por parte de los estudiosos de la gestión de empresas y organizaciones, sobre todo a partir del éxito de compañías japonesas que lograron, primero penetrar y después liderar, variedad de sectores industriales en la década de los ochentas. Un auténtico milagro japonés teniendo en cuenta que en 1946 era un país no sólo derrotado militarmente, sino absolutamente devastado por ser, tristemente, el primer país en sufrir bombardeos con armamento nuclear.

Esta trayectoria exitosa despertó un fuerte interés en universidades estadounidenses, líderes indiscutibles en facultades de Administración de Empresas, en particular, los prestigiosos programas MBA, por investigar las claves de este excelente desempeño empresarial. La respuesta básica que encontraron no radicaba tanto en la aplicación de las técnicas de management desarrolladas precisamente en las citadas facultades, sino en la cultura organizacional que presidía las relaciones humanas en las empresas. Esta cultura se caracterizaba por rasgos como los siguientes: La confianza recíproca, fundamentada en el compromiso patronal por asegurar el empleo prácticamente vitalicio; ofrecer remuneraciones relativamente igualitarias y hacer partícipes a los trabajadores en el capital de la empresa, todo ello significativo generador de cohesión. El estilo de liderazgo muy participativo: Los flujos de comunicación intensos, de doble vía, entre la jerarquía y el resto de la organización. El sentido de misión: La empresa prospera y el país prospera con el esfuerzo y la cooperación de todos. Y, en definitiva, se lograba una sólida identificación con los objetivos de la empresa. El recurso humano, en suma, se consideraba auténticamente -no sólo como reclamo retórico para grandes ocasiones- como el activo más importante de la compañía.

Obsérvese que se han señalado como atributos predominantes: confianza, compromiso, cohesión, cooperación, comunicación. Lo que nos gusta acuñar como “el círculo virtuoso de las ces culturales” : Todos los valores enumerados inician con la letra ce, y conforman un círculo auténticamente virtuoso en que unos valores se retroalimentan positivamente con otros. Claro que, curiosamente, podríamos hablar también de un “círculo vicioso de ces anticulturales”: Conformismo, conflicto (mal encauzado o simplemente reprimido), cortoplacismo, corrupción...

En los tiempos actuales de globalización, de intensificación enorme de la competencia entre empresas, se está recurriendo a la creación de una cultura organizacional fuerte que, a priori, pretende compaginar los fines de la empresa con los de los empleados. ¿Es esto posible? Percibimos -sin poder generalizar desde luego; pero con testimonios significativos que provocan esta reflexión que deseamos compartir- que está emergiendo el fenómeno de que las empresas van moldeando la cultura organizacional de manera que van mutándose y adquiriendo características de secta[1], consagradas al objetivo unívoco de la rentabilidad empresarial. Dave Arnott en su sugestivo libro “El culto a la empresa” (Paidós Empresa, Buenos Aires, 2002), señala que, entre otras características, la empresa sectaria prospera haciendo a sus trabajadores adictos al trabajo. La empresa secta –siguiendo el apelativo de Arnott- valora a las personas no por lo que son, sino por lo que hacen, la identidad se va transformando: Tu identidad es tu rendimiento en la compañía. La empresa secta va convirtiendo el lugar de trabajo en el hogar del empleado; en algunos casos extremos, no debe ser inusual que el empleado llegue a pernoctar en la empresa.

La empresa secta, supuestamente, y de acuerdo a sus declaraciones institucionales (tipo misión corporativa) vela por el bienestar del empleado. Sin embargo, si éste no se siente bien, raramente la empresa lo asumirá: El malestar revela que algo pasa en el empleado, no en la organización. En palabras de Arnott: “...las sectas empresariales no toleran a las personas que no están bien, porque eso indicaría que hay algo malo en la organización” (146).

¿Qué debe estar ocurriendo en las empresas secta? Sabemos que unos desertan: “vivía, respiraba y soñaba por ‘X’” , nos declara un ingeniero que pasó medio año en “X”, una empresa líder mundial en una rama de la tecnología informática... Otro colega añade: ”sólo veía a mi familia dormida”... Otros se integran, estilo los softies de Microsoft de que nos habla Arnott, los cuales sienten que su trabajo tiene una dimensión prácticamente de misión salvadora de la humanidad (lo que, por cierto, y en Costa Rica, hemos percibido en algunos “promotores” de empresas comercializadoras multinivel). Y, barruntamos, deben haber los que no renuncian, pero tampoco se entregan incondicionalmente, que improvisan, inventan, se camuflan para lograr la sobrevivencia sin pagar un precio desmesurado en su vida personal-familiar...

Cerramos la reflexión con la pregunta que Arnott (234) formula a los que ve por caer en empresas secta: ¿Cuánto estás dispuesto a aceptar que te paguen para que compren tu infelicidad?...¨


[1] No confundir con “secta empresa” pues, en este caso, el orden de los factores sí altera el producto: Secta empresa es el caso de la secta que, con el tiempo y su gran éxito en captar miembros (y diezmos o similares), se convierte en grupo empresarial...Tema para otra oportunidad.

viernes, 19 de noviembre de 2010

EL FLÂNEUR MERCADÓLOGO EN LA SOBREMODERNIDAD

Ordeno carpetas -los mal llamados files- correspondientes al doctorado (inconcluso) que cursé en la Universidad de Costa Rica, me encuentro con este trabajo que, al igual que otros elaborados en diferentes materias del programa, disfruté mucho escribiendo...

I.La sobremodernidad

La sobremodernidad es una expresión acuñada por Marc Augé para referir la "multiplicación y aceleración de los factores constitutivos de la modernidad"[1] que caracterizan el mundo contemporáneo. Hemos pasado, argumenta Augé, de la modernidad a la sobremodernidad, cuyo factor más esencial radicaría en el cambio en el uso y la percepción del tiempo. Habrían otros dos movimientos sustanciales: El paso de los lugares a los no-lugares, esto es, un cambio en la utilización y el significado de los espacios; y el paso de lo real a lo virtual, es decir, al predominio de la imagen.

La sobremodernidad también la podemos describir, prosigue Augé, en términos de tres excesos: exceso de información, exceso de imagen y exceso de individualismo. Y un último rasgo caracterizador de la sobremodernidad: "la coexistencia de las corrientes de uniformización y de los particularismos"[2].

II. Los no-lugares y la superlocalización.

Si se define un lugar, antropológicamente, como un espacio "fuertemente simbolizado (...) en donde se pueden leer la identidad, la relación y la historia"[3] de sus ocupantes; los no-lugares son "los espacios donde esta lectura no es posible"[4]. Son, pues, espacios de circulación como las autopistas y sus áreas de servicio, los aeropuertos; espacios de consumo como los supermercados e hipermercados, hoteles de cadena (muy estandarizados, dentro de uno de ellos no puedes distinguir en qué país te encuentras), centros comerciales; y espacios de la comunicación, inmateriales, pero expresados mediante pantallas y monitores. Por cierto, que en lengua francesa, lieu (lugar) remite estrechamente a lien (lazo, ligamen) y a lier (enlazar, atar) que denotan con nitidez la esencia del no-lugar: no relación.

Augé puntualiza: "la oposición entre lugares y no-lugares es relativa. Varía según los momentos, las funciones y los usos"[5]. Pone como ejemplo, válido absolutamente para Costa Rica, los centros comerciales -los inefables malles- que se han convertido en punto de encuentro para grupos de jóvenes. Asímismo, el aeropuerto es un no-lugar para un turista o un ejecutivo, pero es lugar para sus empleados.

Un segundo fenómeno de la sobremodernidad, en su vertiente de la utilización y el significado de los espacios, simultáneo al surgimiento de no-lugares es la superlocalización: la elección por parte de un grupo de un espacio en el que encontrarse, reconocerse y, añadimos nosotros a la descripción del autor, con frecuencia, ejercer la flânerie. Augé cita algunos lugares de París en donde jóvenes de los suburbios "'se precipitan' (...) [porque] les parecen condensar la quintaesencia del 'espectáculo' urbano y donde tienen la oportunidad de ver y eventualmente de experimentar los aparatos que dan acceso al mundo de la información y de la imagen"[6].

La privatización de espacios también califica como una modalidad de superlocalización: barrios, urbanizaciones, parques privados. Augé advierte: "Toda superlocalización conlleva el peligro de ignorar a los otros, los del exterior inmediato, de desimbolizar, en este sentido, la relación social"[7], sustituida por el acceso a la imagen. El flâneur, en estas circunstancias, pasea, deambula su mirada por las "imágenes del mundo o el mundo de las imágenes"[8]. Un flâneur que se aísla de los otros y que lo que percibe en imagen son "simulacros de prójimo"[9]. Sin mediación, sin reciprocidad.

Al barruntar sobre posibles superlocalizaciones en San José, pensamos en el Parque de la Merced, con su concentración de nicaragüenses; la calle de la amargura, de jóvenes muy diversos, ciertamente, pero que, como dice Augé en otra obra - y otro contexto- que analizaremos más adelante, tienen en común -podríamos aventurar- una manera de utilizar el tiempo. Finalmente, acude a nuestra mente, un no-lugar, estrictamente circulatorio, sin ninguna tradición ni atractivo cultural, pero que se ha convertido en lugar de celebración de éxitos deportivos de la selección nacional de fútbol: La Plaza de la Hispanidad.

III. Un flâneur en el metro

Vamos a analizar el ensayo de Marc Augé "El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro"[10]. Un viajero de profesión etnólogo, podemos decir, un flâneur excelentemente dotado para ejercer a fondo esta actividad.

El trabajo de campo fue realizado en el ferrocarril metropolitano subterráneo de París, una red que comunica muy eficientemente los cuatro puntos cardinales de la capital francesa, por lo que es utilizado por prácticamente todo el abanico sociológico de la urbe; además cuenta con una larga existencia, de manera que está lejos de ser un medio de transporte minoritario o una reciente incorporación urbana.

El metro no es catalogado, como podría pensarse de entrada, como un no-lugar. Entendemos que por varias razones: Una, la cotidianeidad y frecuencia de su utilización que, quiérase o no, lo va convirtiendo en actividad ritual.. Dos, la relación, en unas líneas más que en otras, con los barrios que atraviesa y con la historia local y nacional, a través de aspectos arquitecturales, decorativos y por la nomenclatura de las estaciones. El metro, a juicio de nuestro especializado flâneur, es, para su usuario, "un desencadenador de recuerdos (...) [de] pequeños sismos íntimos en los sedimentos de su memoria"[11]. Tres, la presencia usual de turistas que, a veces incluso en forma muy expresiva, exaltan diferentes lugares, exclaman los nombres de algunas estaciones emblemáticas (Opera, Etoile, Louvre, etc.), como si formaran parte también de su historia: "Estos extranjeros dan cuerpo a nuestra historia; ella existe, puesto que ellos la encuentran"[12].

Cuatro: En el metro hay una dimensión comunitaria, sujeta a una ley y a una moral. Existe un mínimo de identidad colectiva que permite la convivencia en medio de considerables aglomeraciones, determinadas por el espacio (en los vagones, en los andenes, en los pasillos), y por el tiempo (las horas pico).

El metro es, pues, un lugar "a la vez solitario y colectivo"[13], donde nuestro flâneur puede gozar de un amplio repertorio de escenas para su mirada escrutadora, para su talento fisionómico: qué hacen los pasajeros en el tren o mientras esperan, qué expresan o denotan sus rostros "aparentemente imperturbables"[14], cómo reaccionan a situaciones inesperadas (detención del vagón en medio del túnel) o incómodas (ingresa en el vagón una persona alterada). Puede, asímismo, detenerse en la catalogación de especímenes más pintorescos: Artistas, modernos depredadores, mendigos. Artistas -con comillas y sin comillas- que, entre estación y estación, o en los pasillos, ejecutan sus piezas. Depredadores que brincan los trompos de control de acceso a los andenes, golpean el mobiliario, rayan las paredes, etc.

En el caso de los mendigos, Augé se detiene algo más en su análisis: Por lo que significan y -añadimos nosotros por observación propia- por su número creciente. Una mendicidad, apunta Augé, "muda (...) [y] sin mirada"[15], totalmente pasiva, "apelación sin voz que sólo interpela a aquellos que quieran ser 'interpelados'"[16]. Y añade: "Siluetas anónimas (...) [en las que] reconocemos los límites y las marcas de nuestra identidad colectiva: esos mendigos son lo que nosotros no somos (...) agujeros negros terriblemente concretos (...) en nuestra galaxia cotidiana"[17].

Otra escena peculiar, rica en ribetes para nuestro etnólogo-flâneur, sucede en la línea en donde, por unas cuantas estaciones, el tren subterráneo deja de serlo y surca la ciudad a través de puentes y viaductos: El comprensible giro masivo de los pasajeros hacia las ventanas, el interrumpir la lectura, la escritura o la costura, etc. Además, el metro se vuelve espectáculo para los paseantes, para los que están fuera de él.

El metro, asímismo, es lugar propicio para el cruce de miradas, al estilo expresado por Baudelaire en su célebre "A una passante". Armand Camargue en "Croquis parisiens" lo ilustra:

"Ella desciende siempre en Sèvres-Babylone
Y yo admiro su gracia indolente y traidora
Cuando, pensativa un instante, se dirige
Al ángulo del corredor del empalme
Antes de lanzarse con su paso que es una danza
Hacia placeres perversos que yo no conozco"[18]

Y, finalmente, nuestro etnólogo-flâneur no debería caer en la tentación de la "especialización" -tan buscadora de precisión como mutilante-, en este caso, subterránea; sino, sin solución de continuidad, proseguir su flânerie en la superficie...

IV. Un flâneur -mercadólogo- en el metro.

Con un objetivo mercadotécnico, la empresa administradora de los transportes públicos de París, RATP (Régie Autonome des Transports Parisiens), realizó una amplia y profunda investigación de mercado con los usuarios del ferrocarril metropolitano. Hay una manifiesta coincidencia de enfoque con el ensayo de Augé; sin embargo, el autor que estamos utilizando de referencia se limita a citarlo en un par de notas al pie[19].

La investigación tuvo una primera fase en la que se observó a los pasajeros en sus trayectos y desplazamientos. En la segunda fase, se realizaron entrevistas para conocer sobre los trayectos. Para el análisis de la información obtenida se empleó un enfoque semiótico: Analizar el trayecto como un texto, es decir, como un proceso significante: Con un principio y un final, con una estructura y una orientación, y con posibilidad de segmentarse.

La tipología resultante del análisis de las entrevistas y la adscripción de los textos a las categorías fue la siguiente:

AGRIMENSOR SONÁMBULO

(Discontinuidad) (Continuidad)

CALLEJERO DINÁMICO

(No continuidad) (No discontinuidad)


Los agrimensores buscan y valoran los trayectos discontinuos, tratan de evitar los obstáculos, realizan sus movimientos en búsqueda de aumentar la eficiencia de sus desplazamientos. Son más sensibles a los cambios en la medida en que pueden perturbar lo anterior. Aprecian la comodidad, no tanto la estética.

Los dinámicos enfrentan la discontinuidad como un reto, como una competencia cuya victoria es lograr la no discontinuidad. Afrontan los cambios competitivamente, pudiendo ser transgresores. Les interesa todo lo que mejore la funcionalidad y la accesibilidad, así como la innovación tecnológica.

Los sonámbulos van preparados para la continuidad, es el típico pasajero que trata de pasar desapercibido, lee, escribe, cose. Aprecia sobre todo la rutina, el automatismo. Desemantiza el trayecto. Presenta gran resistencia a los cambios, a todo lo que transtorne su sonambulismo.

Los callejeros son, como estará intuyéndose, los flâneurs, que valoran la no continuidad: esperan lo inesperado y se detienen en ello, no enfrentan lo cambiante en forma competitiva como los dinámicos, sino que procuran su disfrute. Les encantan las estaciones grandes, de enlace de líneas, que abunden los carteles de todo tipo, que entren en los vagones artistas, músicos, pedigüeños...

En la tercera y última fase de la investigación, se empleó la técnica de grupos, focus-group, homogéneos en su composición tipológica. El objetivo era profundizar en algunos aspectos de atención y servicio al pasajero, en particular en cuanto a lo que se esperaba del personal del ferrocarril. Las reuniones iniciaban con la presentación de unos croquis o viñetas que reproducían escenas cotidianas en el metro, y siempre con la presencia de algún funcionario. Se concluyó lo siguiente respecto a lo que buscaba cada pasajero-tipo en su interacción con el personal:

El dinámico interactuaba para negociar[21]. El sonámbulo trataba de evitarlo. El agrimensor, si lo hacía, era para dialogar. El callejero buscaba conversación.

V. Estrategia comunicacional de la RATP

¿Cuál fue la respuesta de la RATP a los hallazgos obtenidos en la investigación del usuario? El espacio de la compañía en Internet, http://www.ratp.fr/, nos ofrece un sugestivo panorama de la estrategia de comunicación para dirigirse a esa variopinta gama de usuarios del metro.


VI. Otra muestra del flâneur mercadólogo.

El mercadólogo o mercadotecnista, particularmente en su faceta de investigador de mercados, es decir, investigador del consumidor, es un observador profesional. En cierta forma, un flâneur que sigue al consumidor para conocer cómo se conduce en las calles frente a los escaparates, en dónde y en qué se detiene; cómo se desenvuelve en el supermercado, recorriendo pasillos, deteniéndose en los anaqueles a revisar (¿lee etiquetas, palpa la "frescura" del pan, huele ciertos productos?, etc.) y seleccionar productos; cómo se comporta en los diferentes servicios que ofrece un centro comercial, etc. Mide tasas de conversión (de "paseante-mirón" a comprador efectivo), tasas de interceptación (nº de contactos con personal de la tienda). En definitiva, tiempos y movimientos del individuo en su quehacer como consumidor.

El mercadotecnista no aspira a hacer ciencia, sino a "obtener generalizaciones empíricas aceptables"[22]. Qué significa aceptables: "que aguanten bajo un espectro amplio de supuestos"[23]. Un punto de vista pragmático-empiricista que compartimos. La materia prima, el input para llegar a ello es obtener, como señalábamos, infinidad de datos acerca del comportamiento de compra del consumidor. Una tarea que llevan a cabo "rastreadores"[24], cuya principal virtud ha de ser su capacidad de observar.

Este flâneur puede volverse adicto: "pasa(r) noventa noches al año viajando [lo que constituye] una pesadilla en nuestra vida privada, se lo aseguro"[25].

El objeto de atención no es ninguna passante más o menos fascinadora, ni un mendigo, ni un supuesto delincuente. Lo es el segmento meta, el target, ya que el fin de todo ello, desde luego, se aleja de cualquier aura romántica o artística: hacer que las tiendas y los productos sean más atractivos para los compradores.


[1] Marc Augé: "Sobremodernidad: Del mundo de hoy al mundo de mañana". En: www.memoria.com.mx/129/auge/htm
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Ibid.
[6] Ibid. Obsérvese que pone entre comillas "se precipitan" para señalar el hecho de que los grupos caen o se arrojan sobre la ciudad.
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] Editado en Francia en 1987 por Hachette. Versión en español: Editorial Gedisa, 2ªed. Barcelona, 1998
[11] Op. cit. p. 12.
[12] Op. cit. p. 43.
[13] Op. cit. p. 56.
[14] Op. cit. p. 63.
[15] Op. cit. p. 83.
[16] Op. cit. p. 84.
[17] Op. cit. p. 85.
[18] Op. cit. p. 97.
[19] Jean-Marie Foch: "Semiótica, marketing y comunicación". Cap. 3: "¿Es usted agrimensor o sonámbulo?. La elaboración de una tipología comportamental de los viajeros del metro". Pp. 37 -65.
[20] Para ilustrar estos conceptos veamos el ejemplo siguiente, adaptado de nota la pie nº7, op. cit. p. 64:
Continuidad: la de un plano liso, una mesa.
No continuidad: la que provoca un pequeño defecto, una muesca, una protuberancia en un plano.
Discontinuidad: un foso, una grieta.
No discontinuidad: lo que hace de enlace, la relación entre dos bordes.

[21] En op. cit. p. 65, se nos informa de que se utilizó la terminología de F. Jacques en: "Trois stratégies interactionelles: conversation, négociation, dialogue", capítulo incluido en la obra "Exchanges sur la conversation" de J. Cosnier et.al. Ed. du CNRS. París, 1988, pp. 45-68. En la negociación se miden fuerzas, se canaliza una discrepancia; el diálogo es más estructurado, se busca y se pone información en común a fin de lograr un resultado. La conversación es lúdica, espontánea, heterogénea.
[22] José Luis Nueno en el prólogo de Paco Underhill: "Por qué compramos. La ciencia del shopping". Ed. Gestión 2000. 1ª ed. Barcelona. 2000, p. 11.
[23] Op. cit. p. 12.
[24] Op. cit. p. 17.
[25] Op. cit. p. 258.

martes, 23 de junio de 2009

VIGENCIA DE ADRIANO

VIGENCIA DE ADRIANO
Análisis sobre el poder a partir de "Memorias de Adriano"[1]



1. Introducción

¿Qué son las "Memorias de Adriano"? Quizás por nuestra limitada trayectoria en análisis literario, la de un simple aficionado a leer literatura para descansar -y oxigenarse mentalmente- de los usualmente monótonos textos de administración y afines, nos sentimos muy a gusto y muy de acuerdo con algunas acotaciones de su autora, Marguerite Yourcenar, en su "Cuaderno de Notas a 'Memorias de Adriano'"[2]: Una novela histórica que "puede denominarse así por comodidad"(247), y que pretende "desarrollarse en un tiempo recobrado"(id.), como una historia que pasara por "dos docenas de pares de manos descarnadas, unos veinticinco ancianos [que] bastarían para establecer un contacto ininterrumpido entre Adriano y nosotros"(242) . Es, asímismo, un ambicioso intento de "reconstruir desde adentro lo que los arqueólogos del siglo XIX han hecho desde afuera"(245).

No es un diario, "el hombre de acción muy rara vez lleva un diario"(253). Es un recorrido "con un pié en la erudición, otro en la magia"(247), en una época, el siglo II d.C, que "fue, durante mucho tiempo, el de los últimos hombres libres"(255).

Una biografía, nos dice magistralmente Yourcenar, que trata de "no perder nunca de vista el diagrama de una vida humana, que no se compone (...) de una horizontal y dos perpendiculares, sino más bien de tres líneas sinuosas, perdidas hacia el infinito, constantemente próximas y divergentes: lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que fue"(255).
.

¿Por qué una mujer escribiendo sobre un hombre y, además, en primera persona? También responde la autora en su "Cuaderno de Notas...", arguyendo que "la vida de las mujeres es más limitada, o demasiado secreta. Basta que una mujer cuente sobre sí misma para que de inmediato se le reproche que ya no sea mujer. Y ya bastante difícil es poner alguna verdad en boca de un hombre"(246). Dichosamente, la lucha de muchas mujeres en variedad de ámbitos, culturales, económicos, políticos, ha posibilitado una evolución -en donde no sería nada redundante aludir al churchilliano con sangre, sudor y lágrimas- que invalida esta apreciación escrita a finales de los cincuenta del siglo pasado[3]. Ya no es cierta la "imposibilidad (...) de tomar como figura central un personaje femenino; de elegir, por ejemplo, como eje de mi relato, a Plotina [la esposa del antecesor de Adriano, Trajano] en lugar de Adriano"(246). Francesca Gargallo interpreta la justificación de Yourcenar en forma muy sugestiva: "Nos dice de alguna forma: tengo a un hombre por representante de su época porque sólo un hombre podría excluir a las mujeres (...) de su mundo sin vaciarlo de sentido, pero soy yo con mi pluma de mujer quien lo escribe y lo denuncia"[4].

El análisis de la obra y los comentarios respectivos, a partir de la selección de citas, se han hecho en función de lo que consideramos vigente de ella. El trabajo lo dividiremos en cuatro partes: Primera, el hombre, los rasgos más destacables de Adriano como ser humano. Segunda, el político, en donde extraeremos citas que describen algunos pasos, acciones y conductas que Adriano consideró pertinente realizar para alcanzar la cumbre del poder, así como el análisis sobre por qué Adriano la ambicionaba. Tercera, el estadista, Adriano ya como emperador, ejerciendo el poder imperial; y cuarto, epílogo, más modesto y preciso que hablar de conclusiones.


2. El hombre

Adriano inicia su carta a Marco[5], una "meditación escrita de un enfermo que da audiencia a sus recuerdos"(22), con una actitud de humildad y sabia resignación, de ponderada relativización de los logros materiales y simbólicos: "Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil, guardar la calidad de hombre"(9). Y, añade, "he llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada"(10). Habiendo conocido muy bien a sus congéneres, admira a los supuestos irracionales, los animales, a los que se enfrentó innumerables veces en uno de sus pasatiempos preferidos, la caza: "El justo combate entre la inteligencia humana y la sagacidad de las fieras parecía extrañamente leal comparado con las emboscadas de los hombres"(11).

Un hombre sobrio, empezando por lo más elemental, el comer: "Una operación que tiene lugar dos o tres veces por día, y cuya finalidad es alimentar la vida, merece seguramente todos nuestros cuidados"(13), y puede satisfacerse "sin rodear con demasiadas complicaciones el más simple de nuestros goces"(14). Consciente de sus limitaciones como ser humano, formula una recomendación de viva actualidad en estos tiempos de estrés generalizado y ventas récord de somníferos: "Si pensamos tan poco en un fenómeno que absorbe por lo menos un tercio de toda vida, se debe a que hace falta cierta modestia para apreciar sus bondades"(21). Un fenómeno, apostilla en una primera pincelada de su inquietud humanista, en el que "yo no me distingo del servidor negro que duerme atravesado en mi umbral"(id.).

Adriano, discúlpese el tópico de revista del corazón, fue un enamorado del amor, un juego que "me ha parecido lo bastante bello como para consagrarle parte de mi vida"(16). Aunque tuvo variedad de amantes de uno u otro sexo, no se declara lo que hoy diríamos un donjuán: "A falta de genio, esa carrera exige atenciones y aun estratagemas para las cuales no me sentía destinado"(18). Tampoco frecuentó prostitutos o prostitutas: "Me desagrada que una criatura sea capaz de calcular y prever mi deseo, adaptándose mecánicamente a lo que presume ser mi elección"(19), es más, eso "me induciría a preferir los tristes efectos del ascetismo"(id.). El amor es mucho más que el goce físico, lo asimilaré, dice Adriano, "el día en que haya visto a un gastrónomo llorar de deleite ante su plato favorito, como un amante sobre un hombro juvenil"(16).

Adriano era un hombre muy culto y sensible al arte. Su primera formación, no obstante, la considera mediocre, en Itálica (su ciudad natal; lo que hoy es Sevilla, España) sus escuelas "se resentían del ocio provinciano"(34); después, ya en Roma, tampoco la valora en lo que se refiere a "filosofías y poetas"(id.), pero "preparaba bastante bien para las vicisitudes de la existencia humana"(id.), seguramente, inferimos nosotros, por el hecho de que "los maestros ejercían sobre los alumnos un despotismo que yo me avergonzaría de imponer a los hombres"(id.).

Adora Grecia, cuya "siembra de ideas (...) ha fecundado el mundo"(94) y "porque casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego"(35). Lector entusiasta de poesía pues "no estoy seguro de que el descubrimiento del amor sea por fuerza más delicioso que el de la poesía"(id.), también la escribió; pero reconoce, con modestia, su limitada destreza, ya que "el poeta sólo triunfa de las rutinas y sólo impone su pensamiento a las palabras gracias a esfuerzos tan prolongados y asiduos como mis tareas de emperador"(177).

Un hombre muy sensible a la belleza, tanto de un amanecer, "prodigio cotidiano que jamás he podido contemplar sin un secreto grito de alegría"(151) como de las ciudades. Un esteta que incluso diríase que su afán humanista arranca en esa sensibilidad: Desea que las ciudades del Imperio estén "pobladas de seres humanos cuyo cuerpo no se viera estropeado por las marcas de la miseria o la servidumbre"(113), pues, en definitiva, declara, "me siento responsable de la belleza del mundo"(id.). Multiculturalista avant la lettre, era muy receptivo a otros idiomas y a las "jergas bárbaras" que, afirma premonitoriamente, "valen (...) por todo lo que sin duda expresarán en el porvenir"(36). Señala además que "le placía frecuentar a los bárbaros"(44). Se reconocía cosmopolita: "Jamás tuve la sensación de pertenecer por completo a algún lugar, ni siquiera a mi Atenas bienamada, ni siquiera a Roma. Extranjero en todas partes, en ninguna me sentía especialmente aislado"(105).

Adriano, entrando en la esfera familiar, no tuvo hijos. Todo indica, por otra parte, que la relación con su esposa Sabina se limitó a cumplir con las formalidades y protocolos que se esperan de su dignidad imperial. Expresa poco respeto por la institución familiar, actitud muy probablemente influenciada por su paso, en su primer cargo público, por el "tribunal encargado de los litigios sucesorios"(38), en donde conoció - y sin ningún género de dudas seguiría conociendo caso de ser inmortal- "viejos odios aterradores [y] una lepra de mentiras"(40). Agrega en una reflexión posterior, tras condenar a muerte, por conspiración, a su cuñado y al nieto de su hermana Paulina, "los lazos de sangre son harto débiles cuando no los refuerza el afecto; basta ver lo que ocurre entre las gentes cada vez que hay una herencia en litigio"(211). Ya que aludimos a la conspiración y a su cruenta resolución, refiramos la sentencia genuinamente maquiavélica con que cierra Adriano el enojoso episodio: "El oro virgen del respeto sería demasiado blando sin una cierta aleación de temor"(88).

En lo que atañe a su relación con el género femenino, a excepción de repetidos elogios a la emperatriz Plotina[6], esposa de Trajano, y a la sólida amistad que mantuvieron, la mujer aparece, como era usual en la época, como un medio para los deseos y aspiraciones del género masculino. Sin embargo, ya como emperador, impulsó medidas progresistas para su tiempo, buscando más igualdad y más equidad entre géneros pues "la debilidad de las mujeres, como la de los esclavos, depende de su condición legal"(99). En tal sentido, dispuso para las mujeres "una creciente libertad para administrar sus fortuna, testar y heredar [e] insistí para que ninguna doncella sea casada sin su consentimiento: la violación legal es tan repugnante como cualquiera otra"(99). Por último, señalar que era muy inclinado a conocer y someterse a ritos de magia y hechicería, si bien, en última instancia, no cede al pragmatismo, indispensable en un gobernante pues "los signos del porvenir había que buscarlos en la tierra"(75), afirma después de una de esas experiencias.

3. El político

En este apartado extraemos citas que describen algunos pasos, acciones y conductas que Adriano consideró pertinente realizar para alcanzar la cumbre del poder. Predominantemente se encuadran en lo que después de "El Príncipe" llamamos maquiavelismo. Asímismo, incorporamos el análisis sobre por qué Adriano quería el poder: Ascender en la jerarquía del poder romano, ir adquiriendo renombre, distinguirse en los círculos apropiados, obligaba a Adriano a que "diversos personajes reinaran en [él] sucesivamente, ninguno por mucho tiempo (...), el oficial escrupuloso (...), el melancólico soñador (...), el joven teniente altanero (...), el estadista futuro. Pero tampoco olvidemos al innoble adulador (...), al conversador frívolo (...), al gladiador"(51). A la vez, requería ser un "hombre de teatro, un director de escena"(id.): "Me mostraba deferente hacia unos, flexible ante otros, canallesco cuando hacía falta, hábil pero no demasiado (...) caminaba sobre la cuerda floja. No sólo me hubieran hecho falta las lecciones de un actor, sino las de un acróbata"(54).

Espió para obtener información confidencial o secreta: "Corrompí a precio de oro a antiguos esclavos [ya libertos y que tenían acceso a la cámara del emperador Trajano] que con mucho gusto hubiera enviado a las galeras; acaricié horribles cabeza rizadas"(70). Calculador, astuto evaluador de las oportunidades, pues "tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse"(72). Sentía la ambigüedad de que, ambicionando gobernar con honestidad, "ganaba la partida con ayuda de estratagemas asaz turbias"(38). En todo caso, sintetiza en clave inequívocamente maquiavélica, "el fin me importaba más que los medios; lo esencial es que el hombre llegado al poder haya probado luego que merecía ejercerlo"(78). La cumbre suprema de un razonamiento utilitarista para escándalo mayúsculo de Kant.

¿Por qué Adriano quería poder, el Poder, la máxima magistratura imperial? Textualmente nos lo narra: "...lo quería para imponer mis planes, ensayar mis remedios, restaurar la paz. Sobre todo lo quería para ser yo mismo antes de morir"(74). Páginas atrás interpretamos qué es este "ser yo mismo": ser libre, "busqué la libertad más que el poder, y el poder tan solo porque en parte favorecía la libertad"(41).

Y, hacia al final, nos revela la razón última, la más íntima y, a la vez, más poderosa: lograr la inmortalidad, llegar a "sentirse dios (...), un brazo de Júpiter"(121)...Sin embargo, recalquemos, sin perder la perspectiva de su humanidad -"en medio de tantas máscaras, en el seno de tantos prestigios"(145) (uno de los momentos, entre otros muchos, en que sentimos una irreprimible admiración por Adriano, máxime observando a gobernantes actuales en acción...)- lo que distingue a un estadista de un Calígula o un Nerón, por citar a dos colegas de Adriano: "Empecé a sentirme dios [pero] seguía siendo más que nunca, el mismo hombre nutrido por los frutos y los animales de la tierra, que devolvía al suelo los residuos de sus alimentos..."(121.). Y concluye esta honda reflexión, en uno de los pasajes más sugestivos de la obra, con una frase que estimamos muy cargada de religiosidad: "Yo era dios, sencillamente, porque era hombre"(id.). Esto es, a nuestro criterio, la travesía humana como camino de perfeccionamiento, el paso por este planeta como una prueba -y disponer de poder es de las más difíciles en tanto faculta para ejercer mucho bien, así como mucho mal-, una prueba, decíamos, para acercarnos -o alejarnos- de esa imagen y semejanza con que Dios creó su obra máxima: el ser humano. En la perspectiva politeísta de Adriano, para complacer a los dioses (minúscula y plural).

4. El estadista

Siguiendo las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), político es "quien interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado"[7] y estadista, "la persona versada en los negocios concernientes a la dirección de los Estados, o instruida en materias de política"[8]. No quedamos muy satisfechos. Hablamos de estadista en un sentido más lato, el estadista como político de "altura", visionario, con dotes de liderazgo, hábil estratega y prudente gobernante.

Los temas que aborda Adriano, en lo que nosotros estamos hilando como el estadista, son de rigurosa actualidad: Representa a una potencia imperial, un entorno multicultural, la existencia de esclavitud, un conflicto con los judíos... Algunas de las citas que analizamos las consideramos válidas para cualquier gobernante; en otros casos, Adriano alude al imperio y así lo vamos a reproducir, aunque se trate, entonces, de criterios a observar por el gobernante de una potencia imperial. No juzgamos la conveniencia o no de que ésta exista. La reflexión o consejo de Adriano lo rescatamos en tanto útil para la metrópolis sin que sea necesariamente perjudicial para las regiones bajo su poderío o influencia. Es decir, nos asentamos en una realpolitik: las potencias de carácter imperial han existido siempre y hasta la fecha, y prevemos que la actual potencia imperial, los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), lo seguirá siendo en los próximos lustros del siglo XXI.

Un estadista, un gestor, un gobernante, son valorados por las decisiones que toman y sus consecuencias. Un aforismo de la administración dice: La información es la materia prima de la decisión. En este sentido, Adriano nos dice que "preveía con bastante exactitud el porvenir, cosa posible cuando se está bien informado sobre la mayoría de los elementos del presente"(69). Para la toma de decisiones, añade con pragmatismo, "un príncipe carece (...) de la latitud que se ofrece al filósofo; no puede permitirse diferir en demasiadas cosas a la vez"(15). No obstante, cuidado con que las "aptitudes para lo inmediato y lo práctico [se conviertan] en una total negativa a pensar"(67). Los ámbitos de decisión son múltiples y variados, por ello una cualidad importante, "consistirá cada vez más en rodearse de un personal de confianza"(103), por lo cual "parte de mi vida y de mis viajes ha estado dedicada a elegir los jefes de una burocracia nueva, a adiestrarlos, a hacer coincidir lo mejor posible las aptitudes con las funciones"(id).

Un estadista debe cultivar tres bases de conocimiento sobre los asuntos humanos: "El estudio de mí mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres (...) y los libros (...). La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana (...) posteriormente, la vida me aclaró los libros"(23). Sublime. Apostilla que alumbra extraordinariamente el porqué no es raro el fracaso de los intelectuales en tareas de gobierno: Su ámbito vital se ha reducido demasiado al mundo académico y de los libros.

El gobernante prudente es tolerante y comprensivo con la inefable naturaleza del ser humano: "En la mayoría de los hombres encontré inconsistencia para el bien; no los creo más consistentes para el mal"(40). Es humilde y sabio (podíamos decir "valga la redundancia"): No debe menospreciarse a los seres humanos, "si así fuera no tendría ningún derecho, ninguna razón para tratar de gobernarlos (...) pocos hay que no puedan enseñarnos alguna cosa. Nuestro gran error está en tratar de obtener de cada uno en particular las virtudes que no posee, descuidando cultivar aquellas que posee"(id.). Magistral consejo para todos, tanto para manejar posiciones de poder como para, simplemente, lograr una mejor convivencia.

No debe incurrirse en el nepotismo, cosa que no manifiesta explícitamente Adriano, pero así lo deducimos pues no nombra a ningún pariente en cargo alguno. Virtud, en cualquier caso, facilitada por su escasa inclinación hacia la institución familiar. En clave orteguiana, reconoce que una persona "está casi siempre configurada por la presión de las circunstancias"(25), lo cual en modo alguno significa dejarse a su vaivén. Se requiere método: "preferir las cosas a las palabras, desconfiar de las fórmulas, observar más que juzgar"(37). El estadista también debe ser soldado, sin que éste eclipse al primero. Por eso, Adriano se rodeaba de los que "se esforzaban (...) por prever el futuro nacional y no solamente el suyo propio"(43). Sin embargo, la estabilidad y la prosperidad del imperio en modo alguno podían fundamentarse en el ejército. Había que desarrollar el comercio, pues la transacción de las mercancías lleva consigo también el trasiego de "cierto número de ideas, de palabras, de costumbres bien nuestras, que poco a poco se apoderarán del globo con mayor seguridad que las legiones"(83). Clamorosa la vigencia de esta cita: El poder de los EE.UU. radica mayormente en su potencialidad económica y mediático-cultural que en lo militar, máxime tras la caída del Muro de Berlín, símbolo inmarcesible del derrumbamiento del imperio soviético. Bien es cierto que, tras los acontecimientos del 11 de setiembre del 2001, cuyas consecuencias y reacciones ameritarían sobradamente un ensayo exclusivo, marcan un retorno al reforzamiento militar y a su razonamiento ultranacionalista y autoritario, en detrimento de la influencia económica y cultural. No en vano, obsérvese que al incremento del presupuesto militar le ha seguido el incremento en el proteccionismo económico, tanto agrícola como industrial.

Los paralelismos entre el Imperio Romano y el dominio de connotaciones imperiales de los EE.UU, en este arranque del siglo XXI, los percibimos, en lo que se refiere a la época dorada de Adriano, como limitados. Los síntomas de decadencia en EE.UU. son tan notorios -el último la oleada de escándalos financiero-contables de grandes corporaciones, verdaderos brazos armados del capitalismo made in USA- que deberíamos acudir a dos siglos después de Adriano para encontrar, probablemente, más amplias concomitancias entre dos potencias imperiales en fase decadente. Esta circunstancia es aún más estruendosamente evidente si tratáramos de comparar los respectivos liderazgos: Adriano vrs. G.W. Bush[9]

El 11-S debería ser una oportunidad, desde la óptica de los EE.UU, para un cambio al mejor estilo gatopardiano a fin de fortalecer su primacía; pero, por el contrario, se observa una actitud maniquea, ya reseñada líneas atrás, en la que el mundo se divide en los que acatan y, los que al no hacerlo, son bárbaros, o, por nombrarlo en la jerga de la actual administración estadounidense, son parte -o aliados- de un confuso e indefinido "eje del mal". El Bien contra el Mal, definido el Bien como la lucha contra el terrorismo, según la conceptualización definida unilateralmente de qué es terrorismo y, por lo tanto, quién es terrorista, y, en última y trágica instancia, quiénes son víctimas que lamentar y quiénes constituyen daños colaterales; y el Mal como todo aquel que no comparta esta visión. Un enemigo, además, que no se corresponde con un estado, lo que lo hace relativamente invisible e invulnerable.

Regresando al imperio de Adriano, un tema delicado lo constituyó el gobierno de las minorías étnicas o religiosas. Especialmente estas últimas, en las que atisba una inclinación al fanatismo, por "la feroz intransigencia del sectario frente a formas de vida y de pensamiento que no son las suyas, el insolente orgullo que lo mueve a preferirse al resto de los hombres"(180). Y continúa sobre esta materia - luce innecesario reiterar sobre su vigencia - en tono de una amplia tolerancia religiosa a la que coadyuvan, de seguro, sus creencias politeístas, "que no imponen al hombre el yugo de ningún dogma, se prestan a interpretaciones tan variadas como la naturaleza misma y dejan que los corazones austeros inventen si así les parece una moral más elevada, sin someter a las masas a preceptos demasiados estrictos que en seguida engendran la sujeción y la hipocresía"(id.). Amén.

En esta línea, ante algunos indicios de agitación, "acababa de recordar a los gobernantes de provincia que la protección de las leyes se extiende a todos los ciudadanos"(179); en particular y referente a los cristianos, se proponía "mantener frente a esta secta la línea de conducta estrictamente equitativa que siguiera Trajano en sus mejores días"(id.). Tolerancia, estrategia y, sobre todo, sensibilidad ante la diversidad multicultural exhibió Adriano, al inicio de su gobierno, cuando no estimó suficiente pacificar el conflicto entre griegos y judíos: "el orden en las calles apenas me bastaba; quería, de ser posible, restaurarlo en los espíritus, o hacerlo reinar en ellos por primera vez"(84). Se trasladó a la zona de los incidentes: "Trataba yo de demostrar a los griegos que no siempre eran los más sabios, y a los judíos que de ninguna manera eran los más puros"(id.). Sentía que "aquellas razas que vivían en contacto desde hacía siglos, no habían tenido jamás la curiosidad de conocerse ni la decencia de aceptarse"(id.).

En los años finales de su mandato tuvo que enfrentar un levantamiento revolucionario de los zelotes, judíos radicales. Adriano se siente derrotado a pesar de la victoria militar. Tres años de guerra, un recuento innumerable de daños, pero "nada (...) irreparable, [como] sí lo eran el odio, el desprecio recíproco, el rencor"(189); o aquellos niños, "ferozmente deformados ya por convicciones implacables, que se jactaban en alta voz de haber causado la muerte de decenas de legionarios"(201). Derrotados los judíos, "Judea fue borrada del mapa y recibió, conforme a mis órdenes, el nombre de Palestina"(id.). Reacciones posteriores, entre otras de los judíos cristianizados, le llevan a concluir: "La larga serie de los delirios y los malentendidos continuaba"(id.). La historia, por si alguien anida alguna duda sobre la falsedad del pretendido fin de la historia, continúa, el acopio de odio entre los habitantes de aquellas tierras no cesa.

Adriano no abolió la esclavitud: "Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre"(98). Sin embargo, "trabajamos para mejorar la miserable condición del esclavo"(182). Y vaticina muy anticipatoriamente -de los pasajes en donde se nos hizo más patente la mano de una biógrafa del siglo XX- "soy capaz de imaginar formas de servidumbre peores que las nuestras, por más insidiosas, sea que se logre transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento, sea que, suprimiendo los ocios y los placeres humanos, se fomente en ellos un gusto por el trabajo tan violento como la pasión de la guerra entre las razas bárbaras. A esa servidumbre del espíritu o la imaginación, prefiero nuestra esclavitud de hecho"(98).

Para terminar, seleccionamos citas muy claras y concisas sobre algunos otros temas relativos al gobierno: ¿Leyes? "Creo poco en las leyes. Si son demasiado duras se las transgrede con razón. Si son demasiado complicadas, el ingenio humano encuentra fácilmente el modo de deslizarse entre las mallas de esa red tan frágil"(96). Y añade con no menos preclaridad: "Cambian menos rápidamente que las costumbres; peligrosas cuando quedan a la zaga de éstas, lo son aún más cuando pretenden precederlas"(97).

¿Estado? "Hacer del Estado una máquina capaz de servir a los hombres, con el menor riesgo posible de triturarlos"(182). Una máquina cuyo principal peligro "puedo resumirlo en una palabra: la rutina" (103).

¿Política económica? "Favorecer el mantenimiento y el desarrollo de una clase media seria e instruida. Conozco sus defectos, pero un Estado sólo se mantiene gracias a ella"(175). Así como unos mínimos de equidad: "Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres"(100). "Lo que importa es que la prosperidad sirva para todos y no solamente para la banca (...) y los intermediarios que pululan en nuestras ciudades"(101).

¿Propiedad de la tierra? "Acabé con el escándalo de las tierras dejadas en barbecho por los grandes propietarios indiferentes al bien público; a partir de ahora, todo campo no cultivado durante cinco años pertenece al agricultor que se encarga de aprovecharlo (...) nadie tiene derecho a tratar la tierra como trata el avaro su hucha llena de oro"(id.).

¿Educación? En este campo no formula principio o política alguna, aparte de las referencias sobre la que él mismo recibió y que se citaron en la página cuatro. Sí rescatemos como muy significativo su parecer sobre las bibliotecas: "Fundar bibliotecas equivalía a construir graneros públicos, amasar reservas para un invierno del espíritu que, a juzgar por ciertas señales y a pesar mío, veo venir"(107).

5. Epílogo
Encontrándose Adriano al servicio de su antecesor Trajano, percibió en las provincias limítrofes del Imperio, los síntomas de lo que, a la larga, provocaría la decadencia del Imperio Romano: "Los éxitos habían minado la disciplina (...), no estaba lejos la hora en que nuestras poblaciones campesinas, hartas de soportar la pesada maquinaria militar romana, terminarían prefiriendo a los bárbaros. Las rapiñas de la soldadesca presentaban un problema quizá menos esencial pero más visible"(59-60); por otra parte," administradores civiles (...) pasaban gradualmente a la situación de jefes semi-independientes, capaces de las peores exacciones a nuestros súbditos y de las peores traiciones contra nosotros"(60). Adriano puso fin a estos desmanes, lo que le valió, añadido a otros méritos y circunstancias, que fuera designado por Trajano como su sucesor.

Pronto o tarde, reflexiona hacia el final de la obra, Roma caerá, "era vano esperar (...) esa eternidad que no ha sido acordada a los hombres ni a las cosas"(196). Vendrán tiempos peores, "falsos profetas", "otros amos", "códigos salvajes", "dioses implacables", "despotismo incontestado", "el mundo fragmentado en naciones enemigas", en suma, "nuevos refinamientos de horror"(id.). De tal manera que, "nuestra época, cuyas insuficiencias y taras conocía quizás mejor que nadie, llegaría a ser considerada por contraste como una de las edades de oro de la humanidad"(id.). Nada que objetar a esa precisa carga de profecía.

Adriano, una inusual combinación del esprit de géométrie y del esprit de finesse. Un precursor del modernismo -que nos provoca una interrogante: ¿quién fue un Adriano moderno, si es que lo hubo?- . Un gobernante que hizo acuñar en las monedas de su mandato, "Humanitas, Felicitas, Libertas"(95), una versión preliminar, en coordenadas imperiales, del revolucionario "Libertad, Igualdad, Fraternidad". Alcanzar ese ideal adriánico exigiría, precisamente, el final del dominio imperial, que no fuera menester ningún emperador, ninguna modalidad de pax romana. Que el único Adriano que imperara, que prosiguiera su vigencia, fuera el ciudadano -y su correlato femenino, ¿Plotina?-, ese hombre, esa mujer, que aún sin aspirar a puestos de poder, cuentan con una visión acerca de lo que es una sociedad más humana, más justa, más libre y, sin mesianismos, pero tampoco sin desentendimientos, procuran en sus círculos de actividad e influencia, contribuir a ella. Finalmente, que los deseosos -y llamados- de ejercer el poder por fin desactualizaran "El Príncipe" de Maquiavelo.

Tarea urgente y considerable, desde nuestra perspectiva latinoamericana, "provincias de un imperio moderno, pero no provincias modernas"[10], en las que no ha existido un Adriano civilizador, y sí muchos déspotas; y, en donde por otra parte, "las democracias no han liberado (...) los partidos tradicionales no representan al pueblo ni al progreso, sino a viejas y nuevas oligarquías..."[11].

Adriano visionario, Yourcenar escribiendo en pleno siglo XX, tanto da. Parafraseando un pensamiento de Adriano sobre el destino de Roma (v.197): El destino final de la humanidad será incumbencia de nuestros sucesores, nuestra tarea -con el bagaje de la palabra escrita que enseña a escuchar la voz humana- es preparar la jornada de mañana. ¨


[1] "Memorias de Adriano". Marguerite Yourcenar. Traducción de Julio Cortazar.Ed. Sudamericana. Buenos Aires. 16ª edición, 1989. Todas las cifras entre paréntesis se referirán a la página correspondiente a esta edición.
[2] Op. cit, pp. 240 a 259.
[3] La última mención a una fecha que se encuentra en el "Cuaderno de Notas..." dice así: "Nada que modificar, en 1958, en las líneas que anteceden..."(258).
[4] http://www.uam/mx/difusion/revista/abr2000/gargallo/html
[5] Marco Aurelio, futuro emperador, a la sazón nieto adoptivo de Adriano e hijo adoptivo de Antonino Pío.
[6] Reproducimos el más extenso y elocuente: "Casta por repugnancia hacia la facilidad, generosa por decisión antes que por naturaleza, prudentemente desconfiada pero pronta a aceptarlo todo de un amigo, aun sus inevitables errores. La amistad era una elección en la que se comprometía por entero, entregándose como yo sólo me he entregado en el amor (...) la intimidad de los cuerpos, que jamás existió entre nosotros, fue compensada por el contacto de dos espíritus estrechamente fundidos"(71).
[7] DRAE . Tomo II. 21ª ed. Madrid, 1992, p. 1634.
[8] Op. cit, Tomo I, p. 905.
[9] Al cerrar estas líneas nos enteramos de que, nada menos que "The Wall Street Journal", ha definido al presidente Bush como "un ex ejecutivo de una petrolera reconvertido en político, que ha llenado su Gabinete de consejeros delegados". Joaquín Estefanía en "El País", Madrid, 14/7/2002.
[10] "El laberinto de los tres minotauros". J.M. Briceño. Monte Ávila Ed. Caracas. 1977, p. 59.
[11] Op. cit, p. 60.