viernes, 14 de mayo de 2021

LECCIONES DE ESTRATEGIA...A CARGO DE AL QAEDA...

Análisis estratégico sin desperdicio de Moussa Bourekba del CIDOB (*) describiendo cómo ha sobrevivido Al Qaeda, al cumplirse diez años de la muerte de su líder Osama Bin Laden. La organización terrorista no ha desaparecido, al contrario, se ha fortalecido con una doble estrategia: Por un lado, la descentralización con la creación de células locales ("franquicias") con capacidad para golpear localmente (el célebre eslogan de la globalización: piensa global, actúa local), haciendo de la "amenaza" de la persecución a sus líderes jerárquicos y centralizados, una "oportunidad" (entrecomillado por aquello del análisis FODA) de "extensión de la marca"...

Así pues, el segundo giro estratégico, la adaptabilidad a los retos de la lucha antiterrosrista encabezada por los Estados Unidos: Objetivos de menor repercusión global, pero más alcanzables con precisión y ajustados a distintas realidades político-nacionales (Siria, Yemen, Malí, Somalia, Sudán, etc.) para ir expandiéndose en esos disímiles territorios.

Concluye el autor que "la erradicación de la organización se asemeja cada vez más a un sueño imposible".

Trasladándonos al ámbito empresarial, las dos lecciones son claras: Descentralización para aprovechar oportunidades locales con agilidad. Flexibilidad para adaptarse a las particularidades de cada mercado y sus distintos retos competitivos.  Y añado: ¿Cómo lograr suficiente integración para mantener cohesionada una organización fuertemente descentralizada y amenazada? Primero, por una cultura organizacional sólida cuyos fundamentos son una misión y una visión fuertes y creíbles (al menos para sus miembros), en este caso, basadas, sobra decirlo, en el antivalor de la violencia, del asesinato como instrumento para alcanzar los fines políticos. Segundo, el liderazgo. El sucesor de Bin Laden, Al Zawahari -parece desprenderse del artículo- ha sabido delegar, empoderar, capacitar a líderes locales para la expansión de la organización, sin fragmentarse por causa de personalismos, que agrietan una organización cuando el "factor humano" cede a la soberbia individual, y pierde de vista el objetivo común y la razón de ser de la organización.

(*) CIDOB, centro de investigación en relaciones internacionales con sede en Barcelona. Artículo de la publicación CIDOB Opinión, 5 de mayo de 2021.

miércoles, 7 de abril de 2021

LA FALSA APELACIÓN AL DIÁLOGO...

Ante la opinión pública queda muy bien apelar a que, ante un determinado problema, se está dispuesto a dialogar en búsqueda de soluciones. Al leer en detalle las posturas en conflicto puede observarse que, en realidad, cada parte -o al menos una de ellas- espera plantada en en sus puntos de vista a que la otra ceda. 

La última constatación al respecto la noticia, de hace unos tres domingos (lo siento, creí que iba a escribir esto de inmediato) en La Nación titulada "Trece meses sin acuerdo: Gobierno atascado en intento de reducir tarifas de TCM. Concesionaria dice que está dispuesta al diálogo pero apegado al contrato".

Don Rodolfo Méndez Mata, ministro de Obras Públicas y Transporte (que me parece un funcionario público modélico) manifiesta que se trata "de buscar opciones en un contrato que ha sido muy bien blindado por las partes, tanto por la TCM como por el Gobierno de la República".

Es claro que TCM ha blindado mejor...

miércoles, 27 de enero de 2021

REDES SOCIALES: ¿QUIÉN TIENE EL CONTROL, QUIÉN DEBE TENERLO?

Inicio con el título de un artículo de Megan McArdle en The Washington Post (27-1-21) : "Las instituciones importantes deben sacar a sus empleados de Twiter". Sigue rigurosamente vigente, en mi criterio, el aforismo de Marshall McLuhan -con más de medo siglo de enunciado-  acerca de que "el medio es el mensaje": ¿Qué tipo de mensaje puedes enviar en 280 caracteres y que cuenta con un efecto multiplicador a la velocidad instantánea de un golpe de tecla? Demasiado fácil y demasiado rápido dice la autora, entre otras atinadas observaciones. 

Continúa: Si soy una adicta no puedo decirle a mi jefe que debe de despedir a mi dealer.  El control de las redes sociales radica en cada uno de nosotros que, juntos, constituimos una poderosa acción colectiva. A falta de ésta porque "la gente siente que tiene que quedarse en ese espacio porque otros lo hacen", y no se logran cambios a partir de esfuerzos individuales (eso sólo pasa en películas de Hollywood, siempre recuerdo una crítica a la saga Rambo: él sólo gana la guerra de Vietnam), deben entonces de ser iniciativas institucionales...

Otor enfoque para este debate que, muy convenientemente, está empezando y arreciando: el de Luciano Floridi en El País (26-1-21), "Las redes sociales no se pueden regular solas". Señala que la suspensión de las cuentas de Trump es una muy correcta decisión...pero qué tarde lo han hecho. El caso ejemplifica -dice el autor- que no debería de quedar a criterio, a voluntad de una iniciativa privada, de un negocio a fin de cuentas, dado el alcance global, de incontestable interés público, de lo que circula en las redes sociales.

¿Qué propone?: "...regular su uso con procedimientos públicos, transparentes, democráticos, iguales para todos y justificados legalmente por todos los derechos humanos, para evitar arbitrariedades, abusos y discriminaciones". El mismo autor apunta; "Quizá parezca poco realista..." Así lo siento, que se concrete esta propuesta impecable formalmente, pero que debe de articularse políticamente, y el resultado, para contentar a todos los actores (como se dice ahora) puede ser impracticable y peor que la libre iniciativa de las empresas...al menos les es más fácil consensuar...y rectificar...

lunes, 25 de enero de 2021

TRUMP NO ME INQUIETA...

 Leo variedad de análisis de lo que ha sido el período presidencial de Donald Trump, con el aberrante colofón del asalto al Capitolio por una horda de incivilizados que ejemplifica la ideología de su líder.

Líder que pasa a ser un caso subrayable, por negativo, en mis clases sobre el trípode invisible: el sentido de misión, la cultura organizacional y el liderazgo.

Al recorrer las líneas de esos análisis, prácticamente unánimes en la mendacidad del sujeto (a no ser que se trate de autores parafascistas o neonazis), la inquietud más profunda e invariable no radica en el montón de sandeces dichas o en las decisiones mezquinas, miopes o presuntuosas que han caracterizado su mandato. No, la alarma, el desasosiego, la conmoción reside en cómo es posible que cuente con tantos seguidores, con tantos millones de votantes. ¿Qué clase de razonamiento conduce a valorar positivamente a ese personaje? Y en la nada descartable ausencia de razonamiento: ¿Qué emociones anidan en sus seguidores? 

A la primera interrogante, mi respuesta oscila entre la ignorancia del seguidor o, por el contrario, en una visión estratégica- digamos que siniestra- de que se requiere alguna operación de limpieza (esta vez, seguro, no será de judíos)... A la segunda: un cóctel envenenado de frustración, resentimiento y envilecimiento...

Trump se ha retirado, dorado retiro en la Florida. El llamado trumpismo ahí está, no faltarán candidatos-aquí mismo en Costa Rica- que lo quieran encarnar con otros nombres y apellidos, que quieran erigir su carrera política anclándose en esos razonamientos (¿?) o/y en esas emociones...

martes, 5 de enero de 2021

DICTADURA SANITARIA...

Después de los atentados en las Torres Gemelas, en 2001, todos nos convertimos en sospechosos, señaladamente en los aeropuertos, en donde recibimos un trato poco digno, y nos someten a unas limitaciones entre absurdas y arbitrarias. 

Ahora con las medidas relacionadas con la pandemia, "se normalizan procedimientos dictatoriales en nombre de la protección de la salud colectiva", palabras de Suzette Sandy en Le Temps (31-12-20) en su artículo "Dictadure Sanitaire", y que comparto, en particular, para el caso de Costa Rica, en lo referente a restricciones vehiculares y a bastantes de las comerciales. Providencialmente, no nos pueden confinar pues constitucionalmente Costa Rica es un país sin fuerzas armadas (gracias eternas Don Pepe Figueres Ferrer), y no es posible el toque de queda o alguna aberración similar.

Quiero concluir este comentario con una interrogante -para reflexión de Año Nuevo- y con el que la autora cierra su artículo: ¿Todas esas limitaciones son justificables por la convicción de algunos científicos de que la muerte no es más que un fracaso?...

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

LA SESIÓN DE ALTA… (de JdT)

Era un simple y ordinario día de mi odisea crónica. Seguimiento médico a los mismos síntomas atípicos que me han acechado desde que la memoria coronó mi muy subjetiva realidad.

Agobiado vi su semblante, ya nada más que hacer por su parte. Sus sigilosas palabras retumban aún entre mis abrumados tímpanos: 

“Estás en un punto -indicó- que no sé si dejar el caso como una irremediable alta de mejora o improcedente estabilidad clínica”.’

“No me deje sin el tratamiento por favor!” -supliqué. 

“La remitiré con la más prestigiosa colega en el campo, su hoja de vida es tan impecable como su hoja académica” -añadió.

Inicié muy distante, aparentando normalidad en mi padecer, con más razón ahora, que tenía un nuevo, secreto y peculiar aferro. 

Ella sostenía su mirada, ninguna sabía el desenlace que inefablemente se asomaba entre sus disfrazados gestos de cortesía.

Ella, sí ella, como la mejor en su ámbito logró ir poco a poco deshilando cada frase evasiva, y completando las piezas del rompecabezas a partir de mis simbolismos. Con cada símil que camuflaba mis oscuras áreas, trataba de pergeñar su diagnóstico.

Percibía una ansiedad creciente por conocer qué habría sustituido una de las dosis más complejas prescritas para un padecimiento como el mío.

Por mi parte, descubrí casi sin pretenderlo que ella había vaciado de contenido objetivo su estudio. ¡Claro!, entendí al poco rato que la profesional quedó detenida en el abismo de una mujer que tuvo el universo en sus manos, y sin el menor indicio simplemente ya no brilló jamás para sí.

Advertí con sutileza sus ávidas curiosidades, entrelazadas de interrogantes elaboradas y perspicaces preguntas de rigor. 

-Sí doctora, ¡así es! - fue mi respuesta final.  Me miró, con el típico nudo en la garganta que las mujeres eventualmente pretendemos encubrir. Su mirada era fuerte, pero el brillo de sus húmedos ojos tocó mi alma.

Me tentó decirle que todo era una mera invención de mi perturbada mente, pero ella mejor que nadie sabía que ese hombre sí era capaz de eso y más.

 La invadió la ira -entreví- y su única opción sí, su único consuelo, era trasladar ese fuego que le calcinaba el alma, a quién inició el desastre de las cenizas que ahora carga en su altar de vivencias.

Así pues, me encuentro aquí, luego de estabilizar mi sensorial vecindario del viaje trasatlántico que me trajo a esta cita de las 9 am, en un barrio, uno de tantos, que hacen tan singular la milenaria Barcelona.

Miro distraidamente el café que me acompaña, después de tal vivencia, entre esas paredes blancas, víctima de la revancha en que me hallo, pensando inexorablemente en su rostro trasfigurándose al saber el nombre de él. 

Él, al que por años sintió suyo, entendió así que aunque lo inauguró en la pasión, estrenó su lecho, le removió su corazón, le hizo partir lejos, lo impulsó a tomar decisiones que cambiaron nuevamente su vida, le mostró nuevos amaneceres en las ciudades del amor, encendió su cuerpo una y otra vez, cada vez que ella así lo quiso…mas no logró alejarlo de sus circunstancias, y obtusamente albergó en su corazón una casi resignada esperanza. Descubrió el relativo significado de 'sorpresa', solo que ahora desde una inédita vista, como lo han vivido sus pacientes, y ninguno de sus recursos profesionales -que antes prescribió- le sirvió a ella misma. 

Entendí, no sin cierta estupefacción, que mi primera doctora había logrado, a través de mí, su objetivo, una estratagema que me dejó pensando en el tópico de que la realidad puede superar una muy buena ficción.

Era solo mirarla y darse cuenta que moría en la misma hoguera que ella construyó para su rival. 

¿Cómo saberlo antes? Yo y mi orteguiana vida la arrolló como un tren de alta velocidad.

Ella me llevó a mi habitación del pánico en su medicinal estrategia, yo en cambio me salí y la dejé encerrada justo ahí. La diferencia es que el paciente sabe que quiere salir, en cambio el tratante ha ingresado tantas veces en esos recintos sin vulnerabilidad, que ahora no puede percibir su encierro. Trampas de la mente, un juego que vio ganar desde tribuna, pero no tiene idea de cómo se juega en el campo.

Continuo tomando mi café, intentando explicarme cómo fui capaz de decirle que él, si él, el enigma sin resolver en sus prestigiosas carreras era hoy mi alta. Ya les había complicado suficiente sus vidas, para ahora, además, complicarles su profesión.

Corto el doble expreso, mientras puedo vislumbrarlas tomar nota de cómo los tics que me atormentaban ahora reposan en su privilegiado órgano viril, ese que recuerdan vívido, pues encendió sus cuerpos. Documentando los momentos en que (humedeciendo mis labios) confidencié acerca de cómo se disipaban mis pensamientos obsesivos en una sublime felatio in ore. Que recostarme entre sus piernas era el más efectivo somnífero ingerido hasta la fecha. Que hasta el agua acrecentaba su graduación Celsius cuando recorría su cuerpo en las terapéuticas – y no menos regocijantes- duchas que tomamos juntos. Que le hice mío sin contemplación a su rígida postura del decoro. Que conocimos el placer en todas las poliexpresiones de éste, y que juntos cruzamos las fronteras del pudor, un lugar sin límites de fondo y forma.

Y aquí a punto del último sorbo de mi café, titubeo, al recordarlas temerosas de sus recuerdos de ese semidiós griego entre sábanas de satén, temblando el pulso mientras sus voces se quebraban en la disyuntiva de su mente (¿mujer-profesional?). Debería entonces saborearlo, alzando esta fina tacita de corte tan europeo, pensando que nuestro amor superó las primicias de una y las titularidades de otra, nuestros siglos desbordaron los alcances del cálculo y la lógica, él es más mío que de él mismo, por eso vive en mí y mi ser lo reconoce como su dueño.

Apurado el café y en disposición de irme con el sobre cerrado, lo miro llegar, de lejos, cómo se acerca sin la mínima idea de lo ocurrido. El paseo por su tierra natal le da un aire más galo que catalán, pero hermoso como el profundo océano que salta de su mirada singular, y que me pertenece.

Unos minutos han pasado, besos por doquier, abundantes caricias y sonrisas llenas de fe y amor, mientras a lo lejos, tras una ventana una fija mirada nos observa; de repente la secretaria del consultorio le avisa a la doctora que la paciente que sale estable (enamorada) dejó su parte médico. Ella susurra, sabiendo que el sobre en la mesa no es una omisión: “No lo necesita está de ALTA”.

 

PD. Este es un relato basado en una serie de eventos reales, vinculados a cuatro letras que fueron conocidas por dichas profesionales, pero descubiertas en todo su significado, únicamente… por la paciente. 

sábado, 17 de octubre de 2020

LA IMPOTENCIA DE LOS POLÍTICOS...

 Los artículos del catedrático de Filosofía Daniel Innerarity no tienen desperdicio, siempre provocan al pensamiento, a la reflexión pausada e inteligente. El publicado en El País el pasado 12 de octubre no tiene una línea de sobra. Su análisis de "El poderoso encanto de la impotencia" radiografía con meticulosa precisión lo que está sucediendo con la gobernabilidad democrática en muchos países, que están enfrentando el reto inédito de la pandemia. España podría encabezar -dejando de lado el esperpéntico gobierno de Trump- el empobrecimiento y encanallamiento de la política, con un nivel de debate en el Parlamento vergonzoso y vergonzante. La consecuencia: Los peores datos de gestión de la pandemia en toda la Unión Europea.

Innerarity enfatiza como aspecto más dañino la incapacidad -impotencia- para alcanzar acuerdos: Muchos políticos parece que "han descubierto que resulta más confortable gestionar la intransigencia que la cesión (....) comunicar a los propios seguidores la impotencia que el poder, es decir, que los adversarios no nos dejan hacer nada (aunque en realidad, lo que ocurre es que no nos dejan hacer todo) que hacerles saber que hemos conseguido poco y, por tanto, que hemos renunciado a mucho".

Entre lo muy destacable, añado: No llegar a acuerdos "termina con una parálisis del sistema político en la que nadie obtiene nada, o muy poco, menos de lo que habrían conseguido con una negociación (...) una 'vetocracia' donde la posibilidad de bloqueo es infinitamente mayor que la capacidad de construcción".

Con tal paralización, concluye, se retrasan las decisiones oportunas a costos muy elevados...